sábado, 10 de febrero de 2007

una semana de gripe


Pues sí, una semana casi enterita en casa, hoy sábado primer paseo. En estos días me ha hecho buena compañía la pequeña, que este año ha pasado más días en casa que en la guardería. No sería nada negativo, el hecho de estar en casa, si no fuera por que estaba malita... y el papá con gripe no es que sea una muy buena compañía, también esto hay que decirlo.
Luce un sol estupendo, también en este febrero, como en enero que a todo se pareció menos que a un mes de invierno. Al final tendremos que creernos a los agoreros del cambio climático.
Ya sé que no está la cosa para bromas
¿qué planeta llegarán a conocer nuestros hijos?
no puedo ni imaginar la distancia que nos separa del mundo de nuestros nietos, las cosas van tan rápidas, los cambios son tan espectaculares que hasta los libros de ciencia ficción envejecen en unas semanas.

Sufro estas prisas que lo queman todo, y creo estar en numerosa y buena compañía.
Tengo la sensación además que correr no nos lleva a nada.
Ni a más sitios, ni a ninguna meta.
Si haces el camino demasiado rápido no tienes tiempo de disfrutar de los mil detalles que te pierdes por culpa de la velocidad.
Cuando llegas a un lugar ya hay que irse, directos a otro punto, y así al infinito, sin entretenerse en nada y sin llegar realmente a ningún lugar que pueda considerarse una meta, un resultado aunque parcialmente definido.

Contagiamo a nuestros hijos este frenesí de lo superficial, este imaginar de conseguir las cosas antes de haberlas pedido, esta peligrosa idea de que podemos hacer algo sin haber aprendido a hacerlo.
Sin pensar, que es lo más sano, sin parar a valorar los pros y los contra de las muchas opciones que tenemos delante. Cuando llegamos a darnos cuenta de que hubiésemos podido evitar ese error sólo perdiendo un poco más de tiempo para buscar y tomar la decisión más adecuada, ya es tarde.
Entonces a echar balones fuera, qué la culpa es siempre de...
La culpa, casi siempre es nuestra, aunque los sea sólo en parte.
Si no aprendemos a asumir nuestras responsabilidades
¿cómo pretender que lo hagan nuestros hijos?

La virtud del ejemplo sigue siendo y lo será siempre el instrumento más eficaz de cualquier buen maestro.

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