domingo, 18 de marzo de 2007

Si te vas no te querré

He estado un par de días en la oficina de Transmes en Madrid para cerrar algunos temas necesarios para poder empezar la atención personal en la nueva sede de la calle Princesa.

Crecer es un reto, pero estamos encantados y muy ilusionados: nuevos proyectos, nuevas actividades, nuevos servicios. Mucho trabajo.
El viaje ha significado estar dos días sin ver a mis niñas.
Siempre es muy dificil encontrar el equilibrio entre aspectos de nuestra vida que son importantes y requieren nuestros esfuerzos e implicación. A menudo es casi imposible evitar el conflicto entre una y otra necesidad.
Y si uno consigue pensar un poco meno en eso, seguro que no falta alguien para recordarselo...

El trabajo no tendría nunca que representar un problema para la familia, pero todos sabemos que aplicar este bonito principio es poco menos que imposible.
En nuestro caso además, al vivir las respectivas familias lejanas, no tenemos ninguna ayuda ni de tíos, abuelos o primos... María en estos días tuvo que hacerse cargo solita de los complicados encajes de horarios escolares, guardería, actividades extras: en otras palabras, cuando 3 pueden llegar a parecerse una multitud.

La mayor ya entiende perfectamente el motivo de la "desaparición" y sabe medir el tiempo que representan dos días.

V. no tanto. Esta vez me ha saludado con un beso, pero me esperaba que al abrir la puerta me preguntara si la mañana siguiente la acompañaría al cole...

V. is diferent
:-) hacemos bromas con María sobre esta especialidad de nuestra hija mediana, la cariñosa, sensible, sorprendente y un poco surrealista V.
B. la pequeña me dijo ciao ciao, me mandó unos besos y siguió con su cena, tan fresca, como si fuera lo más normal del mundo que a las tantas de la noche el papito desapareciera por la puerta de casa enganchado a una maleta.
Uno casi, casi se queda mal... sobretodo por que tampoco estos viajes son frecuentes, ni mucho menos, vaya si comparo la frenética actividad viajera de algún amigo, nada, un viajecito de nada...

Espero seguir a este ritmo, aunque seguro que iré a Madrid más a menudo, dependerá también de lo que requieran los futuros clientes de Transmes...

Al volver a casa la reacción de mis hijas fue esta.
V. corrió a darme un abrazo, con todas las sonrisas posibles. Paloma se acercó lentamente (aunque aceleró un poco al enterarse de que había regalo) B. ni apareció.
La pequeña había decidido castigarme por haber desaparecido tanto tiempo. Y menudo castigo: "Papá no, papá noooo" haciendo aire con la mano, como para decirme no te acerques: "papá no, papá malo" se le entiende poquito cuando habla, pero qué expresividad y claridad en ciertas ocasiones y qué duro ¿no?
Me costó un poco recuperar mis posiciones privilegidas de papá bueno. Lo conseguí a base de besitos, cariñitos, abrazos, inicialmente rechazados, un poco de cosquillas... y paciencia.

El tiempo que dedicamos a estar con nuestros hijos, a jugar con ellos, a escucharles, a estar cercanos compartiendo actividades, son anillos de acero que hacen inquebrantables las columnas del amor filial, La distancia, la separación, la ausencia, el desinterés, al contrario, agrietan y quebrantan esas mismas columnas.
El amor filial no desaparece por la distancia, pero nadie dude ni un momento que se hace más pequeño, menos sólido, más cuestionable.

Hay muchas formas de estar cerca de nuestros hijos. Algunas virtuales, como trabajar el día entero para poder disfrutar- todos - del fruto económico de nuestro trabajo, quizás acaben reconociéndonoslo más adelante, cuando sean mayores.
Pero por el camino, nos hemos perdido otras muchas cosas, demasiadas.
Lo peor del tiempo es que una vez pasado ya no vuelve.
Si no nos esforzamos para buscar espacios para compartir con ellos todo lo bonito que tienen, aquellos espacios no conseguiremos recuperarlos jamás.
Otros nuevos sí, pero los perdidos nunca.
Y los años pasan.
Soy poco original, me hago cargo.
Pero es común que las verdades más obvias son las que más frecuentemente nos olvidamos.
Repetir ayuda, decían los romanos, ayudan también a quien repite.

Aprendemos a quererles más y mejor cuanto más tiempo estamos con ellos. Aprendemos a comprender el porqué de las cosas.
A veces las cosas son más sencillas de lo que parecen, basta con mirarlas con atención.

Uno de estos días os contaré algo sobre otro tema: cómo vivir, cómo sufrir y/o aguantar que nuestros hijos "prefieran" al otro: al papá o a la mamá y que en alguna ocasiones además utilicen esta actitud como un arma para fastidiarnos... eso, otro día.

Se acerca la primavera...
feliz navidad

Rob

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