martes, 29 de mayo de 2007

30.000 niños


El País de hoy publica un amplio reportaje cuyo título habla por si sólo:
30.000 niños viven tutelados por el Estado

En PdN hemos comentado este artículo:

En España hay niños adoptables. Niños desamparados, obligados a vivir años y años en los centros de acogida por culpa de una legislación imprecisa, desfasada y en algunos aspectos claramente injusta.

Normativas que dejan espacio para interpretaciones, que priman un derecho de propiedad sobre los niños, basado en un arcaico derecho de la sangre.

Hay que trabajar profundamente para que la pobreza no sea motivo de abandono, pero tampoco hay que olvidar - nunca !! - que la infancia es corta y el real interés del menor - siempre !! - es ser cuidado, amado y respetado.

El tema merece profundas reflexiones y admito que este humilde blog no es espacio del todo adecuado, por su naturaleza, para expresarlas con detenimiento. Pero escribiré... quizás añadiendo matices, mañana, pasado o más allá...

Cuando se opone la adopción nacional y la internacional se está cometiendo un error, una equivocación, se está limitando y restringiendo la aspiración a un mundo más justo.
Un mundo donde no haya barreras, fronteras, muros.

Este paso utópico ¿tendrá el valor de darlo alguien que cuenta?

Es deseable que sea el entorno más cercano que pueda hacerse cargo de un niño, pero ¿hasta que punto hay que empecinarse en la defensa del territorio original?
La prisión de un lugar físico de pertenencia es siempre ¿la mejor aspiración posible?
Cada día más pienso que no.

Caso por caso, siempre hay que estudiar las historias de los seres humanos caso por caso, lo defiendo.

Pero creo que hay que dar un paso más y defender uno de los valores profundos de la adopción internacional, nuestras familias son un elemento rompedor de barreras y de creación de un mundo más justo, más vivible y más sencillamente bonito.
No es mejor que cada uno se quede el mismo lugar.
No somos arboles, nuestras raíces son algo más complejo que unos elemento de anclaje.

Defender cierto sentido de las raices es un postulado de mínimos y hasta un apoyo a la esencia del racismo.

Primera aspiración: que no haya ni un niño abandonado, ni dejado, ni aparcado.
Segunda: que el mundo sea un espacio libre, donde las personas puedan moverse sin luchar contra el proteccionismo de la carne humana.

Ambas aspiraciones son actualmente una pura utopía.
Hay más paredes/realidad contra las que nos rompemos la cara los idealistas.

No pocos ven esa libertad cómo una amenaza.
¡¡La mayoría se equivoca!!
Pero algunos políticos se ocupan de animar la masa de los ciudadanos a creer lo contrario.
Embaucar al ignorante es la vía más fácil para llenar las filas de los ejércitos, todas las dictaduras han utilizado el mismo sistema.

Contra la libertad se libran guerras para la defensa de los privilegios y los privilegios siempre son de unos pocos.

Nada es más injusto que la defensa de cualquier barrera que nos impida o limite a ti, a mi y a cualquiera de hablar mirándonos a los ojos, sentándonos en la misma mesa, acostados en la misma cama.
Que limite la posibilidad de entendernos comunicando y respetando esas pequeñas o grandes diferencias que hacen la humanidad más rica.

Nada es más injusto que mis hijas tengan un día que sufrir por esas barreras.

Y creo que es un absurdo que entre los que tenemos hijos adoptados en China, en España, en África o donde sea, haya gente que en lugar de tener el valor de luchar cada día para que esas barreras desaparezcan, en el fondo acaba apoyándo esa barreras (hasta sufriendo cierto sentido de culpabilidad...)

Puede que mis hijas lleguen a sufrir por las consecuencias de la parte más despreciable de la realidad, pero son ellas mismas ahora y en el futuro parte de esa otra realidad también muy real y mucho más bella, ese mundo sin barreras que ellas y nosotros hemos ayudado un poco y seguiremos ayudando espero más a reformar, reconstruir o crear.






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