viernes, 15 de junio de 2007

Dias a tope

Estos días están llenísimos.
Las niñas tienen múltiples festivales: de fin de curso, de las actividades extra escolares.
En el trabajo, en Transmes, estamos preparando varias importantes novedades.

La semana que viene vuelan hacia sus pequeñas las familias del 1 de noviembre a la que hemos ayudado en el viaje. Estamos ya pensando, obviamente, en el próximo grupo del 8 de noviembre que será asignado en pocos días.
Quizás con los que vieron registrado su expediente, en el Centro Chino de Adopciones el día 21 de noviembre (ya veremos... ojalá!!).

He tenido varias charlas y reuniones con las familias sobre tema viaje y estoy trabajando sobre otros argumentos, en fin que no paro.

Ayer por la noche, al volver a casa a las 10 de la noche pasadas... estaba tan agotado que me enganché en la tele al Canal Cocina y me tragué casi dos horas de recetas, cocineros estrella y no, y me muy divertido y las recetas buenísimas. Seguro que alguna cae este fin de semana.

Con Brenda de Adopción por dentro hemos empezado espontáneamente un intercambio de comentarios sobre las entradas de los respectivos blogs.

Aquí os voy a copiar un comentario de hace unos días a propósito de un libro que habla de l a importancia de contar a nuestros hijos adoptados de su nacimiento, su origen, su país etc. y del riesgo de no hacerlo.

Os invito a leer el artículo para poder entender mejor el texto que sigue.

Quizás la labor de saber encontrar el momento oportuno para decir las cosas y cómo decirlas es el reto, casi diario, de cada padre.
No decir nada, no contar nada, en definitiva ocultar por miedo y debilidad, transmitiendo esos miedos y esa debilidad es un error grave, error seguro y grave y cuyas consecuencias se descubren, a veces, cuando ya no hay margen para corregirse, nos lo ha explicado muy bien Brenda en un post de su blog.

Pero tampoco es cosa oportuna y buena descargar toda la información que tenemos en el momento equivocado, por librarnos nosotros del peso y pasarlo a las pequeñas espaldas de nuestros hijos.
Hay que medir, valorar, sopesar, reflexionar el cuando y el cómo.


Si bien a veces son nuestras mismas hijas que nos enseñan el camino, que nos abren la boca :-))

Me temo que a veces sigue muy fuerte la sospecha de que los padres, algunos, quieran o prefieran ocultar ciertas cosas, por que es más fácil y cómodo, en aparencia, dejar para ese momento perfecto que nunca llega, el de contar cosas.
Además las cosas esas son tan feas y horribles... abandono, pobreza, hambre, injusticias, ley opresoras...


¿Pero tiene que ser así?
¿Es esto lo que hay que contar?
Esto asusta, a nadie que no sea un sádico le gusta contar historias cargadas de horror y de pena... pero dámoles la vuelta a esa historia: ¿es de verdad tan fea toda?
No ¿verdad? pues entonces empecemos por lo bonito, ya que una historia bonita todo el mundo tiene gana de contarla :-)

Hoy los medios técnicos a disposición son tantos que realmente no tiene perdón el no haber visto, escuchado, hablado ... de esos primeros días frente a las imagenes de las fotos, del video, de los objetos, de la ropita, de los DVds traidos de China.

Es un comienzo de un bonito diálogo, hecho no sólo de palabras, un diálogo en el que contar cosas llega ser un gusto para todos.

No se está mintiendo a nadie, sólo empecemos para puntar los focos por la parte más dulce de la historia.

Los niños necesitan cuentos, historias bonitas, y su historia, con los papás que van a buscarle en una escuela, donde una señora que no podía cuidarles, pero que les quería, les dejó pidiendo al cielo que fuesen felices, para que papá y mamá fuesen a buscarles en ese país tan precioso, lleno de colores, de dragones, de cometas, de ositos panda y de gente amable, de chinitos como tu... y en un avión muy grande muy grande llegamos a casa y ya teníamos ganas de volver a visitar ese país, mirando las fotos, los videos de las niñas que bailan y cantan... es una historia que puede contarse como un cuento de hadas.

Lo feo, lo triste, lo trágico de su historia no hay que tener prisas en contarla, cuando empiecen a leer las curiosidades saldrán por todos lados, cuando empiecen sus amiguitos a comentar cosas, todavía más.
Nunca digais una palabra a escondida y en voz baja.

Las palabras adoptar y querer hay que decirlas con voz clara y potente y una sonrisa tan grande cómo lo feliz que deseamos ser, y no digo los felicemos que somos :-) si no lo que desearíamos ser, si lo somos estupendo!!! Pero no hay que poner límites a la felicidad.

Cuantas veces he leido del dolor que tienen que superar nuestros hijos adoptados. Hay caso y caso, y hay dolor, pero nuestra historia es una historia feliz, a los papás que dudan no le insistáis sobre el dolor y el sufrimiento, enseñadle a puntar los focos en el amor y en las sonrisas.
Enseñadle a ser serenos, no sólo a asumir el peso de un dolor que parece no se acabará nunca.

La adopción no es una tragedia, es y tiene que ser el final feliz de una tragedia

Roberto

13 de junio de 2007

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