martes, 19 de junio de 2007

El tiempo

Si hay algo totalmente cierto y evidente

son las inmensas carencias en cuanto a conciliación de la vida familiar y laboral de las que sufre la sociedad en la que nos ha tocado vivir.

Nuestro presuntuoso e inestable mundo occidental ha ido mejorando y avanzando en cuanto a definición hipotética de las relaciones personales, de una ideología utópica de la igualdad y en la aceptación en teoría de los derechos humanos, que son la suma de los derechos de los adultos y de los niños.

La realidad del día a día, todo lo sabemos, es otra cosa cosa muy distinta de los bonitos discursos que ya llega un punto que hasta nos cabrea simplemente oír.

Mujeres echadas del trabajo por quedarse embarazadas, machismo difundido en todas sus variables, horarios de trabajo absurdos, barreras y prohibiciones a la hora de dar permisos para poder seguir la actividad de tus hijos, sueldos insuficientes, ritmo de vida estresante, competitividad loca...

Todo esto es tan real y duro cómo un ladrillo que cae en la cabeza de un transeúnte desde el sexto piso de la finca a lado de la cual ha decidido, o las circunstancias le han obligado a pasar.
Defecto de construcción y/o mantenimiento.

Mientras se indaga y se discute el transeúnte se ha muerto con la cabeza partida por la mitad.

Por la mitad se rompen las familias, se hacen añicos las buenas teorías del cómo y cuando hacer las cosas...
Hay de todo, en este mundo. Y todo lo que hace el hombre es por definición imperfecto y sujeto a errores y defectos.
Pero cuanto sería más fácil, para todos, si la organización de nuestras vidas permitiera aplicar el gran secreto de la felicidad familiar:

dedica tiempo a tu familia

dedica tiempo a ti mismo y a tu futuro protegiendo y disfrutando de tus hijos.

Es muy difícil, por no decir imposible, aplicar las buenas teorías que tantos expertos y por todos lados ya nos van ofreciendo, cuando uno llega a casa a las tantas de la noche, cansado, mejor dicho: agotado y con en la cabeza el plan de trabajo de la mañana siguiente, cuya aplicación acertada requiere, además, hacer unas cuantas cositas antes de irse a la cama.

La verdadera estrategia para salvar a las familias que necesitan de salvación y a todas las demás también se basa, tan claro como la luz del sol, en modificar profundamente la organización del trabajo.

Sin este paso no se avanza realmente en nada, o se avanza un metro y se retrocede de uno y medio, esto al final, se paga.

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2 comentarios:

  1. Ahí me has dado, mi talón de aquiles. Natalia ha llegado a estar 12 horas en la guarderia, y Marta Lugao 11 horas diarias. Y ya no es por el coste económico,, es por el coste psicológico, el mío y el de ellas. Yo me siento mal, no puedo estar con ellas más que 3 horas y media al dia y escasas. Una horita por la mañana mientras se levantan, las preparamos, desayunan, y al cole. Las recojo a las 7:15 y se acuestan a las 9:15 más o menos todos los dias. No hay derecho, cada vez que oigo la palabra conciliación me hierve la sangre. Esa valoración social hacia los que dan su vida por su trabajo, pues no. Para mí lo más importante es mi vida familiar. Sí, necesito de mi trabajo para vivir, para que no les falte de nada. Pero valoro hasta lo incalculable el tiempo que paso con ellas. Me he dado cuenta que necesito de ellas más que el respirar. Y desde que Natalia nació, ya no entra ni una sola tarea laboral extra en casa. Lo primero es lo primero, y eso es lo que ellas son para mi.
    Besitos, Rob
    Rosa, Arturo, Natalia y Marta Lugao

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