martes, 12 de junio de 2007

la libertad que uno tiene cuando es grande

Robando páginas ajenas:

"Cuando uno era chico, nuestros padres -creo que puedo hablar por casi todos- nos negaban algún gusto para no malacostumbrarnos. Así, decir: “Mami, comprame un helado” era una lotería. A veces nos lo compraba, y a veces no. Claro que uno era realista y, en un punto, se autocensuraba: yo no recuerdo haber pedido nunca un Conogol, por ejemplo. Lo más fácil de lograr era un Torpedo, a lo sumo podríamos llegar a un Luxor. Un Conogol ni se me ocurría pedirlo, y en mi infancia debo haber comido Conogol dos o tres veces. El otro día recordaba esto en la Esso Shop de la vuelta de mi casa, y pregunté cuánto salía el Conogol: tres pesos, y entendí todo. Igual me lo compré. Tres pesos es caro para un helado, pero barato para comprobar la libertad que uno tiene cuando es grande.

Fuente: Puto el que lee [Blog] 24 de mayo de 2003

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