lunes, 25 de junio de 2007

Reflexiones, al estilo tinto de verano


Me fui de fin de semana con el portátil a cuesta con la idea de ir escribiendo alguna nota bloguera mientras las niñas jugaban en la playa o en el jardín de la casa de Carmen y Joan, amigos con los que estuvimos los días pasados.
En Cataluña San Juan se celebra por todo lo alto con, entre otras cosas, amplio despliegues de petardos. fuentes, tracas y cohetes.
Para decir la verdad en estos últimos años la cosa ha ido tranquilizándose bastante, recuerdo que hace tiempo, desde no pocos días antes, no podías dar un paso en la calle sin que algún gracioso te tirara a los pies un petardo, un chino, un dinosaurio, en fin uno de los muchos tipos de objetos explosivos que se ponen a la venta en estos días de locura pirotécnica.

Nadie te salvaba cómo mínimo de un sustito de sorpresa... pero a menudo la deflagración era de muerte!!
La conciencia cívica ha mejorado, aunque creo que también la subida de precios en zona euros ha contribuido lo suyo.
Ciertamente todo esto de la economía no afectaba al señor que el viernes pasado, en la misma caseta donde, lo confieso, adquirimos unos bengalas, unas pelotitas que echaban humo colorado y otras 4 cositas tradicionales, el señor decía que se dejo la friolera de 560 euros de material explosivo...
y además le dio la culpa a sus hijos, al ver la cuenta sacó su repleto monedero no sin comentar: "me cuestan más los niños en S. Joan que en todas las vacaciones..." Los vendedores se miraron con expresión de éste lo poco que disfruta con los petardos...

Si en un cuento nos hubiésemos encontrado sin duda le habría crecido ipso facto la nariz de unos cuantos centímetros.

Decía del ordenador.
Las buenas (o malas) intenciones no llegaron a cumplirse y el computer se quedó en su mochilita en estos placenteros días de niños, amistades y muchas cocas de crema, frutas, piñones, gerdas, vinitos y cavas y etc. etc.

Las niñas felices y los papás también, la verdad.
La confianza da asco, ya se sabe, así que os contaré que además Carmen hizo dos comentarios sobre este humilde blog que quiero relatar en su espacio natural, o sea aquí mismo.

El primero, me dijo: Ahora cuando quiero saber que hacen los Pili Mayayo, ni hace falta llamaros, abro Adoplandia y estoy informádisima y al día. O sea "cómo te pasas contando tu vida"

El segundo: me tomó largo y tendido el pelo, como es debido, por la imagen de familia feliz que chorrea en cada rincón de estas entradas.
Supongo que si hace estos comentarios tan infelices no somos :-) así que misión cumplida
... sonrisas y más sonrisas...

De todas formas, como de lo que se me dice tomo nota, siempre, ya que acostumbro a escuchar con atención quien me dirige la palabra (ojalá hicieran lo mismo mis hijas cuando habla su padre) voy a intentar justificar la cosa. Por eso de quien se escusa se acusa, qué planteado de esta forma es lo contrario de lo que se quiere decir.
Ni yo mimmo me entiendo cuando escribo...

La perfección no es cosa de este mundo: en esto mi familia no está, ni mucho menos, fuera de las reglas.

Creo que no hace falta ir subrayando que no somos, repito ni mucho menos, la imagen de la perfección que iba con ironía comentando nuestra amiga.

¿Tendría que ir escribiendo y contando las debilidades, los errores y los fallos que cometemos en nuestro quehacer diario?

Pues si hace falta cargaré las tintas en este sentido... pero... siempre hay un pero o unas peras:
no creo sirva mucho al lector conocer los problemas vulgares que todo el mundo tiene, si nos fijamos los seres humanos en según que cosas somos muy poco originales.

El cómo y el cuando esos problemas se resuelven, se evitan o se corrigen será lectura más agradable ¿no?.

Con María hemos aprendido a saber, después de ya ni me acuerdos cuantos años de conocernos, lo que piensa el otro en muchas circunstancias.
Muchas no quiere decir todas, obviamente
Nos pasa día sí y día también de coger el teléfono para llamarnos en el mismo momento.
Hasta nos pasa que uno hace la compra para cocinar algo y el otro llega a casa con el deseo de justamente ese algo que el otro ha comprado.

El otro lado de la moneda de esta realidad es que acabas a veces haciendo lo que supones le apetece o le gusta a tu pareja y acabas por equivocarte y además de equivocarte por enfadarte por incomprendido.

A los pasotas que van a su bola esto no le pasa.

En lo bueno hay que fijarse.
Y cuando llega lo malo o los momentos de crisis, tener siempre en cuenta que es imposible que no lleguen, pero que si lo deseamos lo bueno volverá a llenar la casa, mejor y más bonito que antes.
Es difícil no estar de acuerdo en esta visión de la existencia.
Otra cosa es aplicar la teoría.

Las parejas que se quieren duran y siguen queriéndose si se plantean la vida en común de esta forma.
La convivencia no es fácil, los proyectos de uno pueden llegar a ser una imposición o una esclavitud no deseada para el otro.
Hay momentos de soledad y de distancia, hay otros en los que parece que nunca has vivido una vida distinta, ni la cambiarías por el ofrecimiento más tentador.
Lo más dulce es saber que esa pasión que nos enloquecía cuando unos eramos jóvenes, está allí, lista para volver a comerte en un momento cualquiera y para transformar lo invisible en un algo muy especial y sólido.

Estás bien con los demás si estás bien contigo mismo.

Nuestra vida va tomando caminos muy diferentes a los que habíamos previsto o imaginado.
La actitud frente a lo nuevo y a lo pasado es basilar a la hora de encontrar esa felicidad y ese amor al que todos anhelamos.

Nuestras hijas son para nuestra familia el oro que recubre y refuerza una columna ya sólida.

María escribió para su hija mayor, cuando cumplió 5 años, una historia que acaba con una de las frases más bonitas y optimistas que nunca he leído ni en mejor contesto

y es la que habéis visto al principio de esta entrada :-)

Para disfrutar del futuro hay que saber sacar lo mejor de nuestro pasado.

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