martes, 2 de octubre de 2007

Ir al campo

Cuando vivía en Cerdeña y llegar y sumergirse en la naturaleza costaba un cuarto de hora de coche (o poquito más) desde Cagliari a una casita que tienen mis padres en el Villaggio delle Mimose, o en 50 kilómetros me plantaba en los pueblos de mis abuelos, acostumbraba a ir muy a menudo al campo.
Quizás algunos se sorprendan pero mi formación, hasta los 18 años, fue de la rama de agricultura (tenía el sueño de seguir los pasos de mis abuelos, tierra, cultivos y animales, ovejas, cerdos, vacas... ) Después vino el cambio a Letras e Historia...

En fin, vaya cambios. Nunca puedes saber lo que te reserva la vida, intento no olvidarlo nunca cuando pienso al futuro de mis hijas.

Pero no dejo de considerar el campo, la naturaleza, el lugar donde crecen las cosas que nos comemos, cómo un lugar que es necesario conocer.

No recuerdo quién me contó la historia de un campesino que resistió en su pequeño trozo de tierra a la avanzada inexorable de la civilización, bajo forma de bloques de pisos de 35 plantas.
Él con sus conejos, con su diminuto huerto lleno de lechugas y zanahorias, con sus gallinas, rodeado de cemento y asfalto.

Los niños se acercaban a ese lugar y descubrían, horrorizados, que el huevo con el que se hacían las deliciosas tortillas salía del culo de una gallina.
Hubo algunos que dejaron de comer huevos... hasta bien empezada la Universidad.

...hace tiempo, no sabría decir que edad tenía, mi hija me preguntó si la leche que desayunaba salía de las tetas de... y allí se paró, sin saber de qué tetas podía salir la leche.

Si pienso que cuando tenía 4 o 5 años ir a comprar leche era salir con mi abuela por la mañana, ir a casa de la vecina y a lo mejor pillarla ordeñando una vaca, siento lástima por vivir en una gran ciudad, donde para ir al campo tienes que pegarte la paliza de dos horas de caravana.

Bueno, ya se sabe que el deporte favorito de los bípedes es olvidar lo que tienen para poder quejarse más a gusto de lo que les falta :-))

Pero en fin, cuando podemos ir al campo, yo disfruto muchísimo y, por suerte, veo que mis hijas también y no hay mejor forma de aprender, conocer, comparar y descubrir que hacerlo disfrutando.

Mi mujer es muy, muy urbanita, y nunca iría a vivir en una masía perdida en la montaña (cosa que yo sí haría mañana mismo) pero tengo la suerte que compartimos la capacidad de disfrutar de los cambios de panorama.

Ayer estábamos mirando la web estupenda que Steven ha creado para Shui viajes y María me decía que el próximo viaje a China quiere sea lejos de las grandes ciudades: naturaleza, verde y lugares perdidos de ese inmenso y maravilloso país. Hay por donde elegir!!

Y aquí tenéis nuestras queridas hijas, con sus amigas, rodeadas de esas vacas por cuyas tetas sale la leche que cada mañana les ofrece alimento, de estas vacas en concreto sin duda sano y natural (de otras, no sé... olvidémonos de las hormonas, de los antibióticos, de los venenos que cubren la hierba que comen... )

1 comentario:

  1. Pienso como tú, ya mismo me iria al campo a vivir.
    En verano vamos un mes y recargamos pilas, los niños ¡ni te digo! todo el día al aire libre

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