lunes, 4 de febrero de 2008

pequeños consejos

Vivir cómo si tuvieramos 100 años por delante, y disfrutar de la vida cómo si nos quedaran pocas semanas...
Esta contradicción aparente, en realidad, es una de las reglas que hay que imponerse para vivir mejor.
No podemos dejar de hacer proyectos, de imaginar nuestras niñas que crecen, se hacen adultas, soñar con que las acompañaremos hasta bien entrada su madurez, que las veremos felices con su trabajo, que tendremos un buen rollo con su novio o con su novia, evidentemente, quién sabe... que quizás lamentaremos por un lado que se alejen en otro lugar del mundo para cumplir con su deseo de realización, siendo al mismo tiempo felices viéndolas felices...

Así no podemos dejar todo lo otro para después. O para cuando ya esten más mayorcitas e independientes para dedicarnos a disfrutar de lo que a nosotros nos gusta.
Si estar con ellas es lo más bonito que podemos hacer, también hay otras cosas e intereses que no podemos olvidar, ni dejar de a lado.

Los padres que han renunciado a todo incluyendose a si mismos para el bien de sus hijos, no son un buen ejemplo.
Los padres que han sabido conciliar esa parte irrenunciable de su existencia cómo personas con la atención, el cariño, el apoyo y la educación de sus hijos sí que son un buen ejemplo a seguir.

Unos padres realizados y satisfechos de su vida tendrán más fuerza, capacidad y aguante para enfrentarse a las muchas dificultades que nos repara la vida familiar.
Sabrán mantener o recuperar la serenidad en los momentos complicados de la adolescencia, cuando muchos hijos ponen a prueba sus padres haciéndose odiosos, provocando una ruptura que será más probable si una de las dos partes ya está medio rota.

Los humanos tendemos fácilmente al maniqueismo: o es así o es al contrario.
No.
Hay miles variaciones y subidas, bajadas, estancias planas y terremotos, y el tiempo va ejerciendo su potente influencia modificando las cosas hacia un sentido u otro, siempre y en permanente movimiento.

El tiempo, según qué es nuestro mejor amigo y según cómo nuestro peor enemigo.

Por eso no es ninguna locura cruzar este bonito valle (que algunos se empeñan en ver sólo cómo mojado de lágrimas) cómo si tuvieramos 100 años por delante, pero disfrutando cada pequeño detalle de la vida cómo si nos quedaran pocas semanas...

Viva la vida!

PD
el derecho a una muerte digna, título de la entrada de ayer no es ni más, ni menos que otra aplicación más de los pequeños consejos que acabo de escribir.
Que se pierdan en su infierno los que creen que el dolor, la agonía, el sufrimiento por el sufrimiento nos hacen mejores.
Y más, mucho más, los que por beneficio propio condenan a los demás a una religión que no se aplican.

1 comentario:

  1. Pocas cosas puedo decir. Sólo que estoy completamente deacuerdo con vosotros de es un derecho poder tener una muerte digna.
    Si luchamos por la dignidad de nuestras vidas, también lo ha de ser en la muerte.
    Un abrazo.
    Carmi

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