jueves, 27 de noviembre de 2008

Depende del punto de vista

Cuanta más personas conocemos, cuantas más experiencias intercambiamos, cuanta más atención y memoria dediquemos a nuestras vivencias, más profundamente acabaremos aprendiendo que las situaciones nunca tienen el mismo color, a pesar de que las veamos en el mismo momento.

Tenemos todos un filtro, construido en base a nuestra experiencia y, quizás más, en base a nuestro carácter, sin olvidar el estado de ánimo del momento, todo contribuye devolvernos una visión muy especial de lo que vivimos.

Las alegrías y las tristezas duran tiempos diferentes, según quién esté involucrado.

Nunca os ha pasado de escuchar o mirar algo con una gran sonrisas, y ver cómo quién está a vuestro lado ni de lejos está sintiendo el mismo placer!!

Ayer fuimos a teatro, y mientras había algunos que se desco... de la risa, otros entre los que desgraciadamente estaba incluido, hacíamos cara de aburrimiento y ganas de levantarnos e irnos para no aguantar esa patética representación.

Esta variabilidad, relatividad y diferencias, las cruzamos en todas las situaciones.
Los humanos estamos muy lejos de ser equilibrados, imparciales. El sentido común se desvanece en un segundo y los que nos invitan a darnos cuenta de que no hay para tanto, a menudo sufren una guerra de desprecio del todo inmerecida.

Con nuestros hijos es lo mismo.
Aplicamos criterios de valoración a veces acertadísimos, otras del todo equivocados, y en medio el océano de lo cotidiano.
Y no hay más remedio que asumir que es así, y no puede uno escapar de esa regla.
Algunos lo asumen e intentan corregir, en lo posible, los errores.
Otros no reconocen nunca haberse equivocados.
Otros parece que disfrutan en equivocarse, por que tropiezan en la misma piedra 100 veces.
La mayoría pasamos por estas tres fases, y en otras, un montón de veces.

El hecho es que con los hijos no hay manuales de instrucciones que valgan.
Y si tienes tres hijos lo ves y tienes pruebas todos, todos los días.

Las verdadera comunicación que no falla es la no verbal.
Puede que el efecto no sea inmediato, pero los abrazos, las sonrisas, los besos, siempre tienen un efecto positivo.
Y cuanto más os cuesta utilizar ese lenguaje, más os tenéis que esforzar para usarlo.

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