domingo, 6 de diciembre de 2009

Textos para no olvidar

 Desde hace años, por lo menos desde 2006, circula por los foros, blog, listas de correo, etc. etc. que se ocupan de temas de adopción, esta "Carta abierta de un hijo adoptado"-
He sido incapaz de encontrar la fuente, el autor (que casi siempre se indica cómo anónimo).
Si alguien tuviera algún dato, le sería muy agradecido: que lo indicara en los comentarios o me escribiera a robpili62@gmail.com.
Es un texto tan perfecto, que algunos han dudado que haya sido realmente escrito por un hijo adoptivo.
Tiene toda la pinta de serlo.
Internet tiene esto de bueno o malo, que permite una maravillosa circulación y comunicación de información y datos, pero, a veces, no es nada fácil establecer su valor real.
A pesar de las dudas, estoy convencido de que éste tiene que ser el reto planteado, cuando los padres nos dibujamos el camino ideal a seguir y nuestro papel.
Las metas que uno se plantea condicionan profundamente los resultados alcanzables.
Creer desde el principio que es imposible vivir nuestras familias de una forma tan sencillamente clara, tan cristalina, es la mejor manera para perjudiciar esa aspiración.
Cada persona es diferente.
Conozco ejemplos de individuos que viven en un permanente estado agonico, para ellos todo es complicado, son incapaces de enfocar lo bueno que tiene cualquier situación, sospechan de la claridad, y la consideran una luz enemiga y quemadora...
Aparentan no poder disfrutar de nada, aplastados cómo están por una permanente visión pesimista de la existencia, aparentan no encontrar nunca paz y placer, en nada y en nadie.

Si todavía no lo conocéis, leed el texto. Yo lo haré con mis hijas.


Me piden que hable de mi condición de hijo adoptivo. Es la primera vez que escribo sobre ello.


Releo la primera frase y siento que hay algo extraño en esa denominación. Como si la etiqueta de “adoptivo” primara sobre la de hijo y el adjetivo modificara de forma radical la relación padre-hijo. Yo siempre he llamado a mis padres “padres”, no padres adoptivos. Incluso escribirlo me resulta molesto y desagradable.


Se me podrá decir que ellos no me han dado la vida pero la gestación es un acontecimiento que dura nueve meses y poco más.


Ser padre es mucho más que una función biológica; es permitir que un niño se convierta en un adulto, es humanizar mediante la educación, la comprensión y el cariño.


Pienso en mi vida y sólo les veo a ellos. Soy consciente que no cumplieron la etapa biológica inicial pero no tiene la menor importancia puesto que lo más autentico de mí, lo más intrínsecamente humano, se ha formado gracias a las personas que me dieron todo para que eso fuera posible.


Hacia mis progenitores, a los que llamarles padres sería un exceso, no siento ningún rencor ni odio. Sólo un sincero agradecimiento y ternura. No les conozco ni tengo intención de conocerles. No tiene sentido.


La “llamada de la sangre” es algo que no me parece razonable. Tengo la impresión que ese sentimiento responde a una busqueda de justificaciones para frustraciones que no se saben resolver. Es posible que cuando se tienen problemas con la familia adoptiva se eche mano de razonamientos del tipo de: “vosotros no sois mis padres”, “si hubiera estado con mis verdaderos padres ahora estaría mejor”. Decir esas cosas es lo más inmediato, lo más sencillo en un momento de enfado. Siempre se tiende a creer que lo ajeno es estupendo y no se piensa, ni por un instante, que hubiera podido ser peor.


Sin embargo, intentar averiguar la identidad de un padre biológico es, desde mi punto de vista, no entender lo importante de la relación padre-hijo. Es negar esa relación. Lo esencial no está en la continuidad genética, sino en el vínculo que se construye entre los padres y el hijo, independientemente de los genes de cada uno. Reducir toda la paternidad a la función procreadora es una pobre simplificación.


Mis padres me informaron pronto del hecho. Sin embargo, con ocho años yo no era muy consciente de la situación. Las dudas y las cuestiones que no se pueden responder llegaron más tarde.


La pregunta última, en mi caso, ha sido cual fue la razón por la que mis padres biológicos me dieron la vida. ¿Por amor? ¿ Una violación? ¿O un simple descuido en una noche loca?. No hay respuesta. Pero se puede vivir con ello y ser feliz. ¿Acaso no es más importante lo que uno tiene por delante y lo que puede llegar a ser gracias al esfuerzo personal y a la ayuda de quienes me lo han dado y me lo siguen dando todo ?


No hay padres adoptivos. Sólo hay padres. De la misma forma que no hay hijos adoptivos sólo hijos. Las etiquetas que se ponen detrás son, como el DNI, un mero trámite administrativo.



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2 comentarios:

  1. Muy bonita Roberto, me la apunto para el futuro poder hacer como tu ahora con tus hijas.
    gracias por compartirlo.
    laura

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  2. Espero poder enseñar a mis hijos este texto algún día, en realidad me da igual quien lo haya escrito, si es de verdad un hijo "adoptivo" o no. Creo firmemente en todo lo que en ella se escribe por lo tanto aplicando el mismo principio de la carta, dá igual quien la ha "parido", lo importante es lo que en ella se dice.
    Susana.

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