jueves, 15 de julio de 2010

Dejar puertas abiertas, siempre

Nunca penséis que un tema está cerrado para siempre.
No confiéis que por que para vosotros las cosas son claras y así las habéis explicado siempre, transmitiéndolas de una determinada manera, empapando cada conversación con lo correcto y justo, hasta en los gestos, y en el mismo día a día de la vida... no, no penséis que vuestros hijos y las personas que os rodean, aunque os quieran, las tienen tan claras como vosotros las tenéis.
Las reflexiones que han precedido nuestras ideas claras, no son las mismas reflexiones que los demás han tenido.
En nuestra mente de papás adoptantes concienciados y estudiaos todo aparece limpio, luminoso, potente.
En los pensamientos, en las preguntas que se ponen los demás, las cosas, las palabras, el concepto general y la visión de los hechos, pueden ser - en realidad siempre son - diferentes.

Al mismo tiempo no es bueno, ni útil dramatizar.
Un día nos sorprendemos por un comentario de nuestros hijos que, pensamos, no viene a cuenta.
Parece desmontarse todo el castillo de naipes que con tan cuidado hemos construido.
¿Cómo es posible que mi hijo diga esto?
¿Tan mal me he explicado?
Años y años dedicados a enseñarles a utilizar la brújula para no perder el norte, y de repente descubres... o crees descubrir... que no saben... o no les interesa distinguir el norte del oeste...

No es así sencillo, ni así directo.
¿Estamos convencidos que dos más dos siempre hace 4?
El resultado de la suma es el mismo cuando hablamos de números, pero no de neuronas, de juicios, de consecuencias de gestos humanos. Aquí las cosas son más complejas: son llenas de variables.
Sería estupendo que el resultado de nuestras acciones fuera siempre hacia la dirección que deseamos, pero no es así. También cuando el final del recurrido es el deseado, para llegar allí puede haber habido un recurrido muy tortuoso.
Llegará el momento en el que nuestros deseos provocarán una reacción opuesta, o el desinterés (por lo menos aparente).
Los bebés de China crecen.
¿donde está mi bebé de China? preguntamos a nuestra mayorzona tantas veces, con una sonrisa que a veces cuesta mantener.
Crecimiento y evolución.
Lo que no haré es, una vez descrita la realidad, dramatizar o lanzar al cielo gritos de impotencia y desesperación, o de estupor.
No sirven de nada. Y lo sabíamos.
En el fondo, sólo si les hemos enseñado a utilizar la brújula, aunque ni a la primera, ni a la segunda, ni a la tercera, ni a la cuarta, ni a la...
llegará, sí que llegará el momento en que saltará la chispa, e identificarán el norte.
Para ir al sur, claro.

Los resultados no se ven en un momento, ni en un año, ni quizás en diez...
Tenemos que darles los instrumentos, las instrucciones y el apoyo técnico, ellos decidirán si y cuando utilizarlo.
Y acabarán utilizándolos, aunque nos digan o parezca que no.

Siempre hay que dejar la puerta abierta, de nuestra mente, de nuestra casa, de nuestro corazón.

2 comentarios:

  1. Hola Roberto,
    Te felicito por la entrada que has hecho. Como siempre, me ha hecho reflexionar.
    Espero que esteis bien. Un saludo desde tierras Murcianas!

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  2. Gracias mil..., estas reflexiones son tan intelegentes, tan verdad y una ayuda extraordinaria para pensar, y claro, como no... siempre siempre siempre... puertas abiertas, que entre aire.
    (no debemos encerrarnos, creo que todos hemos estado así en algún momento de nuestras vidas..., hay que evitarlo)
    Gracias de nuevo y un afectuoso saludo.
    Felisa

    ResponderEliminar

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