martes, 24 de agosto de 2010

Abandono

La palabra abandono no me gusta, por que además en muchos casos no refleja la realidad.
No hay que tenerle miedo a las palabras, pero tampoco hay que cargarlas de demasiado peso.
Las palabras que tendrían que ser siempre un canal de comunicación, pueden acabar siendo duras como piedras.
No me gusta la violencia.
Prefiero dejar siempre un hilo de ligereza, una puerta abierta a la sonrisa, también en los temas más dramáticos.
Algunos tiran palabras como si desearan lapidar a quién escucha.
En temas tan delicados prefiero matizar, mirar con atención, medir el efecto de cada sílaba.
Por que además cada caso es distinto y las generalizaciones aplastan los detalles que dan valor a la historia.
Cada niño tiene su historia.

4 comentarios:

  1. Bienvenido de tus vacaciones, estoy completamente de acuerdo, hay que medir las sílabas que constituyen cada palabra y el tono al pronunciarla, cada niño es un pequeño microcosmos, dentro de una complicada historia, cada una diferente y similar a otras..., pero nunca la misma..., para esto hay que usar lentes de aumento, no, no se puede generalizar.
    un abrazo.
    Felisa

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  2. Pienso que las palabras, como las imágenes, no dejan de ser llaves a emociones o realidades o mundos o historias...que todos llevamos dentro. Por eso en cada uno resuenan de una manera diferente. Nosotros, nuestra historia está muy unida a esta palabra. Y he tenido mis más y mis menos con ella. Por ello prefiero hacerla mi amiga, no temerla y usarla con libertad y tranquilidad... porque lo que es... es.
    un saludo

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  3. A mí tampoco me gusta esa palabra y se me atraviesa. Vale que no haya que edulcorar las cosas, ni idelizarlas, porque no sabemos qué pasó. Pero precisamente por eso, porque no sabemos, ¿porqué demonizar? ¿quién sabe si la madre biológica de mi hija no la quería? ¿Quién sabe si fue abandono o renuncia? Se abandona lo que no se quiere y renunciar a quien se ama por darle una oportunidad, se me acurre el mayor acto de amor... ¿Quién soy yo... ni nadie, para darle nombre a lo que no sé cómo ocurrió?... ¡¡¡Que tema más complicado!!!
    Un saludo afectuoso,
    Lola

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  4. Sin negar el impacto de la separación de la primera familia ni de la institucionalización y demás, a mí también me parece que generalizar el uso de la palabra abandono es injusto. Diría incluso que a veces, entregar a un hijo en adopción no es abandonar, sino proveer.
    Un abrazo grandote,
    Beatriz

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