miércoles, 25 de agosto de 2010

niños tecnólogicos


El mundo cambia pero seguimos arrastrando ideas y principios antiguos.

En parte por que estamos convencidos que ciertos valores educativos tienen una validez eterna, en parte por que el futuro puede dar miedo, por desconocido, a algunos por lo menos, a algunos más, a otros menos...
En parte por que sabemos que no es raro que una carrera demasiado rápida obligue a alguna vuelta atrás...

Siempre hay extremos, hacia un lado y hacia el otro, nunca son buenos.
Atento a todo lo positivo que nos ofrece, que me ha ofrecido y me ofrece la tecnología, tiendo a ser generoso hacia las peticiones de conectividad y de pantallas que vienen de mis hijas.

¿demasiado?
Creo que no.

Buscar el equilibrio no es fácil, por que nadie puede medir exactamente los puntos y comas de este camino intermedio.
Es una búsqueda, permanente.

Creo que muchos padres sufrimos de una profunda ignorancia tecnológica, que unida a un romántico imaginario hecho de juegos antiguos, sencillos y manuales... provoca tensiones inadecuadas en los criterios educativos a elegir.

El romántico recuerdo de lo bien que nos lo pasábamos con una caja de cartón y un trozo de madera es más que justificado, por que es totalmente cierto que nos lo pasábamos pipa.
Pero es también cierto que no existían ciertas alternativas.
Y muchas otras cosas. La vida no era la misma.
Ni será la misma.
El conocimiento de los instrumentos que serán básicos (ya lo son) es oportuno.

Una calculadora, en mis años mozos, era un objeto aparatoso en la mesa de trabajo de mi padre... pero él me enseñó a usarla.



martes, 24 de agosto de 2010

Abandono

La palabra abandono no me gusta, por que además en muchos casos no refleja la realidad.
No hay que tenerle miedo a las palabras, pero tampoco hay que cargarlas de demasiado peso.
Las palabras que tendrían que ser siempre un canal de comunicación, pueden acabar siendo duras como piedras.
No me gusta la violencia.
Prefiero dejar siempre un hilo de ligereza, una puerta abierta a la sonrisa, también en los temas más dramáticos.
Algunos tiran palabras como si desearan lapidar a quién escucha.
En temas tan delicados prefiero matizar, mirar con atención, medir el efecto de cada sílaba.
Por que además cada caso es distinto y las generalizaciones aplastan los detalles que dan valor a la historia.
Cada niño tiene su historia.

lunes, 23 de agosto de 2010

seguimos

Pocas cosas acaban o empiezan en un momento concreto.
Buscamos, y encontramos a veces, fechas significativas, emblemáticas, señaladas, pero la mayoría de las cosas que nos suceden, por las que pasamos, son puntas de un proceso que viene desde lejos y que seguirá fluyendo en nuestras vidas más allá de ese aparente momento concreto.
Los caminos se cruzan, interaccionan, dan vueltas y vuelven atrás.
Creemos poder depender del ritmo de nuestras piernas, pero nuestro andar es más parecido al fluir de un río, que nunca se para, aunque pueda desaparecer bajo tierra por cortos o largos trazos.

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