miércoles, 28 de diciembre de 2011

Disfrutar de la vida, que es corta, siempre demasiado corta.

Disfrutar de la vida, que es corta, siempre demasiado corta. Y ser responsables. Ofrecer a las peques un ejemplo positivo. Trabajar duramente cruzando aguas tormentosas, agitadas, para garantizarles, por lo menos intentarlo, un futuro sereno. Al mismo tiempo luchar contra una vocecita que te empuja a dudar, con frecuencia, de si merece la pena todo este sentido de la responsabilidad chupado desde la infancia, ese sentido del deber que te empuja a hacer las cosas de una determinada manera para llegar a merecerte un lugar adecuado en el mundo.
¿es cierto que hay que ser buenos y honestos para conseguir un resultado meritorio?
Nada más abrir un periódico las noticias te asaltan y es imposible no plantearse mil y una duda sobre esta visión de la vida tan recta, tan católica, tan rabiosamente sumisa y aburrida.
La más reciente entre las noticias:
¿Puede un pirómano ser nombrado jefe de bomberos?
Por lo visto sí.

El mundo está patas arriba. ¿Lo está ahora?  O es que lo ha sido siempre y sólo ahora nos damos cuenta.
Antes nos creíamos las cosas que nos contaban. Había menos fuentes alternativas de información, hoy sabemos que casi todo lo que es voz oficial es una sarta de mentiras.
Un alcalde recién nombrado que dice: "pensaré en los más desfavorecidos" está comunicando en realidad que, como poco, pasará olímpicamente de ellos y más probablemente no tardará una semana en empezar a tomar iniciativas que harán mucho daño o empeorarán la situación  de aquellos.

Me cuesta, me cuesta mucho buscar el equilibrio que me consienta de transmitir algo coherente a mis hijas cuando me preguntan sobre estos temas.
Transmitir un sentido de la ética a mis hijas...
La tentación de replantearse muchos de los valores básicos que nuestros padres nos han transmitido es imponente.

Los seres humanos se desarrollan en planos paralelos: en los países donde se habla de libertad estos planos son ligeramente más permeables. Es la ilusión de la que se nutren los ambiciosos sin bases hereditarias.

Donde reina la pobreza extrema, las posibilidades de pasar de un plano a otro se hacen tanto más remotas cuanto más grande es la tijera que separa los ricos de los pobres.

He puesto libertad en cursiva, por que a ver quién se atreve a dar una definición de esta bellísima palabra sin mancharla, para ser coherente con la realidad que nos rodea, con los adjetivos que le tocarían...

Tu papá, me enseñaste a ser una buena persona, pero los malos siempre ganan...
Tengo siempre más dudas de que no tenga razón.
Los mártires de la justicia.
¿quién quiere pertenecer a esa santa categoría de individuos?

He sido y hasta hace poco siempre un gran defensor de una axioma: lo que cuenta, por encima de todo es sentirse bien, a gusto contigo mismo.
Y es cierto, sigue siendo válido.
Pero... hasta cuando uno se siente a gusto consigo mismo si, actuando de una determinada manera, la realidad no para de darle tortas y de decirle a gritos: gilipollaaaaaas!!!!

Nada fácil, no, nada fácil.
De momento siento avanzar dentro de mi una profunda disponibilidad a entender los que se desvían de lo  correcto. La corrección de los humildes, quiero decir.
Disfrutar de la vida, que es corta, siempre demasiado corta. 
Hacer las cosas para que los que te quieren no sufran, pero poco a poco buscar rincones de placer que nos permitan decir, llegado el momento: que me quiten lo bailao :-))

En el fondo lo tengo bastante claro.
Lo que me falta es saber como y cuando explicarlo a  mis peques, encontrar el momento adecuado, la edad oportuna, las palabras correctas, para no caer en un efecto totalmente contrario: una inseguridad que provoque angustia.
Seguiré reflexionando.
Os mantendré informados, si os interesa, sobre éxitos y desesperanzas en estas reflexiones :-))
Pero si alguien tiene un consejo, bienvenido sea, dejad muchos comentarios.

De momento os animo, un simple ejemplo, a un gesto de coherencia.
Son días de comilonas.
Disfrutad de las mismas, hablando, en el sobremesa, de recetas, de otros platos suculentos, de maravillas del arte de la cocina, pero nunca, nunca, nunca, de dietas, sobrepeso, enfermedad coronáricas o simil...
Si esa es vuestra tendencia argumentativa después de una buena comida, si ese es el tipo de charlas que os atraen, mejor que no comáis nada, nada de nada de las delicias que os han ofrecido o hasta habéis preparado con vuestras manitas.

feliz navidad y, sobre todo, próspero año nuevo!!!!!!!!!
A mi las fiestas me provocan efectos raros :-))






1 comentario:

  1. Moverse en terrenos pantanosos siempre es difícil. Por eso, para dar ese ejemplo a mis hijas, mi receta incluye lo que más me gusta en este mundo: meterme en su mundo de niñas de 9 y 2 años. Y entonces me doy cuenta que sin saberlo ellas me enseñan lecciones que luego yo les reenseñaré. Luego lo condimento con consejos de mi padre entre los que siempre destacan dos: 1)"Cada uno vale, lo que vale su palabra" y 2)"Que no te engañen: sólo hay una manera de hacer las cosas y es hacerlas bien. Afortunadamente hay más de una forma de hacer bien las cosas". !Ah! Antes de que se me olvide un amigo mío me invitó a dar de alta un grupo en facebook o similar llamado "Si, soy gilipollas, pero duermo tranquilo todas las noches". Y eso es lo que creo que terminarán aprendiendo mis hijas de mí, de la misma forma que yo aprendí de mi padre y sigo aprendiendo de mi madre.

    De tu enorme reflexión que efectivamente da para mucho yo quiero destacar el principio: disfrutemos de la vida. Al menos mi vida se forma uniendo pequeños trocitos de felicidad que aparecen a diario: una nueva monería de Jimena, el hoyuelo en la cara de Rod Mondy porque está de vacaciones, la sonrisa de Silvia mientras ve jugar a las niñas, la cara de mi madre mientras su nieta mayor bendecía la mesa el día de Nochebuena, el arte de la paciente a la que acabo de atender, el feliz año y próspero s reyes que me dió hace un rato el celador,...

    Yo creo como tú que el mundo siempre ha sido algo así, con una sociedad descompensada y con un montón de "problemas". Vamos un caos total. Pero no podemos permitir que ese ruído externo y sobre el que poco podemos hacer, no nos deje escuchar los latidos de nuestros propios corazones. Seguramente la felicidad no existe por si misma, sino que hay que luchar cada día por conseguirla y cuando se logra toma cuerpo la definición de la palabra "libertad".

    Anteayer me reuní con unas maravillosas compañeras de mi antiguo hospital para almorzar juntos. La comida la hicimos en una venta, nada sofisticado. ¿Lo mejor? Haber compartido un rato excelente con ellas. Porque como decía mi padre: "No hay una verdadera Navidad si no compartes tu tiempo con aquellos que realmente te importan y aportan significado a tu vida".

    Que el Año Nuevo traiga muchas reflexiones como la de hoy, que provocan una sonrisa, un suspiro y remueven muchos hemosos sentimientos en nuestros corazones. Un abrazo.

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