martes, 14 de febrero de 2012

La emoción de verlas crecer

Intentaré explicarlo, si bien no es fácil trasladar en palabras ciertas sensaciones.
El otro día, una volvió. Estoy seguro que muchos las habréis probado, si bien en contadas ocasiones, en momentos muy especiales.
Una descarga de energía que notas cuando se acerca, y crece... acto seguido explota en un escalofrío de emociones: recuerdos, alegría, felicidad, amor incondicional. Pasado, presente y futuro en una fracción de segundo.
Desde algún rincón del cuerpo, por los ojos, por un sonido, por un roce o una palabra, sientes entrar ese cosquilleo, se abre paso hasta el corazón que late dos, tres veces a otro ritmo. Es energía pura, un instante de aquellos que se acompañan a un recuerdo, a una imagen más o menos lejana y se juntan con el presente, instante exacto en el que se produce un pequeño y dulce, emocionante corto circuito.
La razón fría, los pensamientos conscientes, las reflexiones evaporan de repente y dejan paso a un indefinido manojo de vibraciones, color neto y sencillo, un nada que tiene la fuerza de un gigante destilada en una gota, en una lágrima de felicidad.
Se cuenta, sin que casi nadie pueda realmente confirmarlo, que un momento antes de morir toda la vida pasa delante de tus ojos.
Por suerte no he podido comprobarlo.
Eso quizás, si es que existe, tiene que ser parecido a la categoría de instantes que intento desenredar.
Esta vez, lo que movió esa sensación tan especial podría definirse con el título de este post: la emoción de verlas crecer.
Estaban allí mis niñas, jugando, leyendo, tecleando frente a una pantalla.
Hubiese cogido un pincel y dibujado a brazo abierto en el aire un círculo perfecto, un trazo rápido y potente, o un perfecto encaje de notas: cuerdas y vientos y en el silencio una, una nota absoluta de placer.

Pasado ese momento eléctrico, racionalizo y sé que es la emoción de verlas avanzar por el mundo, observarlas mientras cada día definen más su personalidad, recordar momentos pasados, verlos reflejados en los cambios actuales y, al mismo tiempo, esperar, desear con todas tus fuerzas de poder seguir disfrutando por mucho tiempo de su vida, acompañarlas.
Para un padre, es el destilado de la felicidad.
Los que hemos tenido la suerte de beber de ese cáliz ya estamos pensando que sobran palabras.


2 comentarios:

  1. Esa sensación la he vivido en múltitud de ocasiones........recuerdo una muy especial que lloré y todo ,viendo como actuaban en el escenario en plena navidad en el cole.Y otra de ellas es sin duda......cuando las ves dormir...
    Mº Carmen

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  2. Roberto! Eres un crac! Me pasa a menudo observando a mis hijas y has descrito perfectamente la mezcla de sensaciones. Mucha felicidad... y un poquito de miedo.
    Un fuerte abrazo!

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