viernes, 23 de marzo de 2012

Observar, descubrir, redescubrir

Pocas cosas me dan tanta satisfacción como la de observar con atención a mis hijas. Sin hacer nada más.
Quizás satisfacción no sea la palabra adecuada. Ciertamente define una parte de lo que pruebo cuando, por las tardes o los fines de semana, teniendo un poco más de tiempo, también tengo mejor ocasión, hasta de hacer como si no estuviera, mientras ellas se dedican a sus cosas, a sus juegos, a sus charlas. O hablan contigo, y las escuchas sin las prisas por salir de casa corriendo para no llegar tarde al cole, como cada mañana.
Los detalles, los matices, las reacciones a lo que tu dices... ver de verdad como son, como van haciendose diferentes. Sin tiempo, nada de todo esto es posible.
En esos momentos se hace más claro lo que nos estamos perdiendo por culpa de esta vida ajetreada, llena de compromisos, de plazos, de cosas que tienen que cumplirse para ayer.
La gran ciudad no ayuda, el trabajo menos. Voy a repetirme, tengo un trabajo que me encanta, pero eso no quita que, como en muchos otros trabajos, las horas nunca son suficientes. Los días y las semanas vuelan y siempre queda por hacer, más cuando quieres hacerlo mejor y mejor... El día a día se come lo mejor del tiempo: la mejor forma de producir algo valioso, es la lentitud, el ritmo pausado, creando piezas que encajan a la perfección.
La observación paciente y el compartir horas. Hasta las horas aparentemente vacías.

"Me aburro" cuantas veces me lo habrán dicho mis hijas, por que han pasado 5 minutos entre una actividad y la otra prevista. Están contagiadas de activitis.
Aburrirse es una maravilla!!!

Me miran con esa cara de "mi padre está loco" o "ahora empieza con una de sus peroratas".
Me encanta decirle eso. Quiere decir que algo queda de la persona que me gustaría ser :-))

Buen fin de semana!!!

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