miércoles, 12 de junio de 2013

Cambio de cole

El año que viene una de mis hijas cambiará de cole. Pasará de la Scuola Italiana, donde cierra este año el ciclo de la "scuola media", a otra escuela de Barcelona.
Estos cambios son siempre importantes. Tengo la costumbre, creo buena, de no cargar las tintas ni el peso de los posibles riesgos, ni en las expectativas de lo positivo. Aunque siempre le pongo una pizca de optimismo. Es un cambio, creemos será a mejor.

Entrará en una nueva dinámica: sea en cuanto a programas, que idioma de las clases (de italiano a catalán). Tendrá nuevos compañeros, nuevos horarios, un espacio de trabajo donde pasará más de ocho horas diarias de su vida: todo esto no es poca cosa.
Ella tenía muchas ganas de "cambiar de aire" y la hemos apoyado.
Irá a la Frederic Mistral, de la que hemos escuchado buenos comentarios. Os contaré que tal, y si alguien ya la conoce, bienvenido sean otros.
Las pequeñas se quedan donde están. No quieren cambios. También las apoyamos y nos parece bien.

Os cuento nuestra vida, cómo siempre hago por otro lado :-) para quitarle hierro a los miedos que muchos sienten hacia las rupturas. A veces la vida nos impone caminos imprevistos. Mejor cuando estos cambios son voluntarios, claro. Pero la costumbre o el entrenamiento a aquellos ayuda a sobrellevar y superar las situaciones cuando y si se repitieran.

Los seres humanos somos el único ser vivo capaz de sufrir pensando en la posibilidad del dolor, sufrir en el momento en el que el dolor es activo, y sufrir cuando ya ha pasado, recordándolo.
Algunos también sufren por el miedo a la simple posibilidad o hipótesis de que algo pueda pasar. A lo mejor al final no pasa, pero la simple posibilidad ya provoca sus efectos perniciosos.
¿Cuantos tienen el carnet de sufridores empedernidos? :-)

Es una especie de esclavitud interior, de la que no es fácil liberarse. sobre todo para los que dan demasiadas vueltas a las cosas.
Muchas veces el "pensar demasiado" es sinónimo de buscar con lupa los aspectos negativos de todo. He dicho: demasiado. Reflexionar es bueno, pero estancarse en la duda no.

No por pensar demasiado seremos capaces, por ejemplo, de prever lo imprevisible.
Tampoco es una garantía de solidez, serenidad o tranquilidad quedarse en lo conocido.

Pero sí, ofrece cierta garantía el hecho de ir buscando siempre lo bueno de cada situación, y tener la mente abierta y atenta. Es muy probable que aplicando esas prácticas, ese bueno acabemos por encontrarlo.

 :-)

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