domingo, 19 de enero de 2014

En Diciembre de 2004.

El tiempo vuela y 9 años parecen una eternidad.
Cuantas cosas han cambiado en la adopción en China. No sólo en la adopción en China.
Pero hay cosas que no cambian, por mucho que casi todo lo que les rodea, sí.
Por ejemplo no cambia que los orfanatos del mundo, incluidos los que tenemos muy cerquita de nuestras casas, están llenos de niños que no tienen una familia. En Asia, África, América y por supuesto en Europa.
A pesar de la muchas veces indignante campaña anti adopción que se libra por algunos.
Se cierran países y los niños se quedan dentro. Problema resuelto. Amarga ironía, pura realidad.
En este blog he tratado muchas veces el tema. Sigue siendo de actualidad.

Para el número 8 de la revista de AFAC Nihao, de finales del año 2004, publiqué un editorial que hoy, buscando antiguas fotos, he encontrado en su original.
Permitidme copiarlo aquí tal cual.
Las primeras líneas nos hablan de una situación que es duro recordar para las familias que ahora se acercan a los 8 años de espera...  Lo que sigue, creo que no ha cambiado.

Editorial en el n. 8 de la revista Nihao (accesible en la web de AFAC para los socios)

En pocos días estarán aquí las asignaciones de los expedientes de junio 2004, no han pasado ni 4 semanas desde que llegaron las de las familias de mayo. 
Otra jornada cargada de alegría, de sonrisas, de nervios y de sorpresas. 
Hace pocas semanas pasaron por AFAC, en menos de 12 horas, sesenta familias, cada una con su carpeta llena de ideogramas, de fotos, de caritas a veces asustadas, a veces alegres o simplemente ignaras del por qué un señor armado con un objeto raro las colocaría en medio de un fondo inverosímil para retratar una imagen que viajaría a miles de kilómetros, hacia el corazón lleno de expectativas de sus futuros papás.

Si las miradas y su intensidad tuviesen un poder desgastador, algunas de esas imágenes llegarían a la calle Fraternitat ya borrosas, a pesar del casi nada que separa  el ICAA de nuestra sede.
Pero a veces, en este inmenso océano de alegría y de felicidad, en esta pieza musical obra de un genio y que la orquesta toca de maravilla, algunos instrumentos no empiezan o dejan de repente de sonar. El intérprete no entiende su partitura, el instrumento no responde como debería.

En esos pentagramas tan esperados se vislumbra algo que no cuadra, unas notas aparentemente incoherentes con la melodía, el compositor ha escrito una partitura que no esperábamos, que nos sorprende, que no entendemos, que rompe con el deseo natural de poder tocar al unísono con nuestros compañeros que disfrutan, desde la primera a la última nota.

Entonces recordamos las primeras clases de solfeo. El profesor nos había avisado, pero de poco sirven ciertos avisos: el compositor es un genio y de vez en cuando su arte asume tonos un poco o demasiado difíciles. Los músicos reaccionan cada uno según su forma de ser. Hay quien rompe bruscamente el instrumento, tira la partitura, se aleja con una rabia incontenible. Hay quien se lleva la partidura a casa y sigue probando, consulta con un experto que le ayude a entender. Algunos, a pesar de la sorpresa y de la más que natural tristeza inicial, encuentran que esas notas aparentemente disonantes esconden una melodía especial, compleja, que necesita dotes no comunes de interpretación, el compositor decidió que ellos podían asumir ese papel, que serían capaces de interpretar ese pasaje tan complicado sacando lo mejor de cada nota.

 ¿Las niñas que llegan de China son sanas?

Sí, las niñas y los niños que asigna el Centro Chino están bien en un porcentaje tan elevado que elimina casi del todo las razones para preocuparse, en el camino hacia la adopción, de lo contrario.
Pero cada padre y cada madre que decide tener un hijo tiene la obligación de considerar que los seres humanos no llegamos con certificado de garantía. Que hoy podemos ser casi perfectos y mañana mucho menos. A veces hemos pasado por una infancia cargada de enfermedades y hoy somos unos grandullones que nos comemos el mundo... o al contrario.

Nuestros padres y nuestras madres nos han querido, a veces, a pesar de ser como somos. Nuestros hijos nos quieren y nos querrán a pesar de ser lo que somos. Somos los padres, adoptantes o no, tan poco perfectos que es probable que nosotros mismos pudiendo, podríamos llegar a rechazarnos: feos, gordos, delgados, mayores, con mal carácter, demasiados blandos, demasiado altos, demasiados bajos, operados, intervenidos, con todo tipo de defectos… en definitiva, seres humanos.  

El deseo de adoptar a niños cuanto más pequeños posible mejor, conlleva, necesariamente, una mayor dosis de riesgo en cuanto a salud se trata, siendo incierto o imposible el reconocimiento de ciertas patologías, retrasos o disminuciones que serían evidentes en un niño de dos, tres años o cuatro años. El médico que emite el informe que nos llega de China no es el máximo experto en ningún campo de la medicina.

A veces el compositor escribe notas que no somos capaces de tocar. Más vale la humildad de reconocerlo a tiempo: trabajamos en una orquesta, nos ha sobrevalorado, nos ha juzgado distintos de lo que somos: ¡pero nosotros no queríamos ser otra cosa! No todos podemos llegar a ser intérpretes geniales, no hemos pretendido nunca serlo y nadie podrá condenarnos por esto. Somos músicos normales, en la media, vamos aprendiendo a tocar y seguiremos estudiando y esforzándonos para mejorar, pero a ese nivel somos concientes de que no podemos llegar. Aquí no se trata de que algunas notas nos gusten más o menos, por que si por no gustarnos unas notas rechazáramos seguir tocando, si así fuese, razón tendría el director de orquesta para ponernos patitas en la calle.

Felices fiestas a todos


Roberto Pili


3 comentarios:

  1. UFFF ROB, YO SIEMPRE HE SIDO DE LAS DEL PORCENTAJE PEQUEÑO... QUIERO A MI NIÑO CON TODA MI ALMA PERO NO ES FACIL DEJAR DE TOCAR UN INSTRUMENTO Y NO ACORDARTE MAS DE SU MELODÍA...TU YA ME ENTIENDES. BESITOS. YOL

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  2. Te entiendo YOL, claro que sí.
    Hay historias duras que lo son tanto como diamantes.

    un abrazo inmenso
    Roberto

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  3. Diciembre de 2004, uf que recuerdos. Yo fui una de las que pasó esas navidades en China.
    Un beso.

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