viernes, 14 de noviembre de 2014

ánimo

A todo el mundo le gusta recibir alabanzas por algo que ha hecho bien.
Y todos necesitamos algo de ánimo y un empuje para volver a intentarlo, cuando algo no ha salido como debía.
Para conseguir mejor resultado las broncas son, con frecuencia, poco eficaces.
Cuesta superar las decepciones. En ambos sentidos.
Hay que tener valor para ser pacientes.
Dejarse llevar por los impulsos es fácil. Más difícil pararse a pensar, hacer el esfuerzo de entender de donde nace lo que nos hace enfadar. Dar el ejemplo. Enseñar con el ejemplo.
¿Quién tiene la humildad de reconocer que estamos pidiendo mucho, cuando nosotros no somos capaces de hacer el esfuerzo necesario para tener esa misma actitud positiva que pedimos a nuestros hijos?
La adolescencia, además, es una explosión de energías incontrolables.
Nunca podemos olvidarlo.
Y como siempre digo: sigue mis buenos consejos y no repitas mis errores.



jueves, 13 de noviembre de 2014

Las guerras inútiles. Las guerras son inútiles.

Siempre son fuente de inmenso dolor, por lo que su utilidad está negada por este hecho tan evidente. Hay muchas guerras posibles. Una, la más común, la que se libra entre dos personas. Hay quien va por el mundo con la espada permanentemente desenfundada. El único consejo válido es entonces: alejaros de aquellos, sin más. Quizás no lleguen a heriros, pero siendo su forma de ser, son peligrosos. No merece la pena correr el riesgo. Alejaros, dejadlos solos.
Claro, si la amenaza se dirige hacia nuestros seres queridos, no tendremos más remedio que poner a riesgo nuestra integridad para defenderles.
Ojalá seamos capaces de desarmarlos antes de que bajen con éxito el brazo asesino.

Las guerras son siempre inútiles. Es una frase que sólo puede nacer en el ideario de quién desea, aspira al bien común, general, más amplio que su propio interés.
Una actitud a toda vista de idiotas, en el mundo en el que vivimos.
Desde muy pequeños nuestros hijos han chupado una idea de superación a cuesta de los demás.
Otro mundo es posible. Yo no lo veré seguro. Me temo que mis hijos tampoco. Pero no me resigno a poner un interrogante a esa afirmación.

También los padres muchas veces libramos una guerra con nuestros hijos. Tenemos que... Ellos tienen que... Hay un listón muy alto y si no lo consiguen serán unos fracasados.
Como decía, creo, Semprún ¿o era otro? Nos preocupamos mucho del mundo que dejaremos a nuestros hijos, pero ¿nos preocupamos de qué hijos dejaremos en este mundo?







domingo, 2 de noviembre de 2014

No es culpa de los padres

Vuestros hijos no son vuestros.
Son hijos e hijas del anhelo que la vida tiene de si misma.
Ellos llegan a través vuestro, pero no son vuestros,
Y a pesar de que viven con vosotros no os pertenecen.
Podéis donarle el amor, pero no vuestras ideas:
Ellos tienen sus propias ideas.
Podéis ofrecer protección a sus cuerpos, pero no a sus almas:
ellos habitan la casa del mañana, que no os será permitido visitar ni en sueños.
Podéis intentar ser símiles a ellos, pero no hacerlos parecidos a vosotros:
La vida avanza y no se detiene en el pasado.

Kahlil Gibran

Lo he traducido del italiano, espero no destrozando demasiado el sentido de estas magníficas y profundas frases.

Leo estos versos en el libro de Judith Rich Harris  "The Nurture Assumption" cit. Wikipedia: que en su edición al idioma castellano fue titulado "El Mito de la Educación", un libro que cuestiona la creencia de que los padres son el factor más importante en el desarrollo infantil de los hijos, libro en el que reseña y revisa exhaustivamente pruebas que contradicen esa creencia.

El título de este post hace referencia al título en italiano del libro de Judith Rich Harris: "Non è colpa dei genitori".

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