viernes, 20 de julio de 2007

Los primeros momentos: la comida


En las charlas que he dado en estos años, sobre el viaje por adopción , son recurrentes las preguntas sobre cómo enfrentarse a la alimentación de las pequeñas (y pequeños) en esos primeros días.
Las dudas son absolutamente legítimas.

Las niñas viven un momento de gran estress, de constantes novedades, de miedos y dudas que se irán poco a poco aclarando, pero que en aquellos primeros días son muy fuertes.

Es inevitable que haya una afectación en todo el proceso de alimentación, ya que cómo todo sabemos, esfínteres, estómago, intestinos son partes de nuestro organismo especialmente sensibles a procesos psicosomáticos.

Lo ideal podría considerarse evitar cuanto más cambios posibles, pero quién piensa que por mantener la dieta acostumbradas las niñas reaccionarán bien o seguirán alimentándose de la misma forma descripta en los informes de asignación, pues... se equivoca.

Hay que decir, que en algunas ocasiones en dichos informes: horarios, cantidades, tipo de comida no se corresponden a la realidad. Repito, en algunas ocasiones, la norma es que sí se hayan rellenado observando las costumbres de las niñas, pero no siempre.

Puede que consigamos mantener un tipo de alimentación parecido a lo que estaban acostumbradas, a costa de no pocos esfuerzos, ya que no es fácil, y menos estando de viaje, preparar comida o cocinar cómo en el orfanato o cómo en la cocina de la familia de acogida.

Muchas familias nos cuentas, que a pesar de ese esfuerzo para evitar cambios, las peques rechazan la comida, o comen mucho menos de lo indicado y deseable. O muchos más, siendo el más a menudo deseado, pero no correcto: también los papás descargan su nerviosismo en la comida y en dar de comer.

Pueden acabar atiborrando a unas niñas acostumbradas a comer mucho menos, pero que por reacción abren la boca y tragan, traganhasta que se les de.

Es muy frecuente, cuando la palabra falla o no existe, por la edad y la diferencia de idioma, el intento de establecer, entre las vías de comunicación no verbales, una alimenticia, que puede llegar a ser dañina y peligrosa: diarreas, estreñimiento, empachos...

Repito, puede pasar a pesar de todos los esfuerzos para evitar cambios bruscos y supuestamente traumáticos.

Digo supuestamente por que también en este aspecto no hay nada escrito que valga siempre y para todos los casos.

Más bien cada caso es diferente y una vez más los únicos trucos son la paciencia y el sentido común.

No hay que ser rígidos en los planteamientos, en ningún caso y menos esos primeros días.

Hay que observar e ir tanteando.

No es siempre malo, en definitiva, empezar desde el principio a probar con la comida que será la suya en futuro.

También depende de la edad. Tened en cuenta que los niños en China empiezan pronto con alimentos que asustarían a cualquier pediatra...

Dependiendo de la niña el tema alimentación puede no ser problema alguno.

Cuando llega a serlo, para evitar que se complique más, hay que estar, antes de nada, muy tranquilos.

Las niñas no se morirán de hambre si no comen mucho, ni es pensable que si una niña tiene carencias de alimentación, éstas puedan resolverse en una o dos semanas.

El tema de la paciencia es fundamental: por que la alimentación es efectivamente un momento de comunicación y hay que ponerse a ello sin prisas, sin pretender reacciones positivas inmediatas, válidas y constantes.

La mayoría de nosotros come más rápido de lo que sería oportuno.

Sabemos que hay niños que utilizan la comida cómo un arma de chantaje emocional, y que hay madres y padres que fomentan esa actitud, demostrando agobio y mucha tensión frente a los "problemas".

Conversación típica:"mi hijo no come, mi hijo come fatal, es un desastre, una desesperación..."

Los niños escuchan, registran y utilizan: ese sí que es un alimento que funciona, valga la redundancia, para engordar los problemas de alimentación.

Es muy probable que, en estos caso, no haya la misma práctica de actuación entre padre y madre.

Los niños detectan nuestras preocupaciones a menudo más y mejor que nosotros mismos.
Y actúan en consecuencia.

En los primeros momentos hay que estar preparados para cualquier tipo de reacción.

Si dirigimos nuestras energías a transformar también la comida en un momento de juego o en un complemento al juego, limpiando nuestra manera de dar de comer de las prisas, los prejuicios, las ideas fijas, las normas estricta, tenemos muchas posibilidades que el momento de la comida deje de ser un momento complicado.

Dicho esto.
Valga aquí mi comprensión para aquellos papás que, a pesar de todo, viven con la comida de sus hijos inapetentes verdaderas tragedias.
La hora de la comida acaba alargándose a todo el santo día...

Y mi solidaridad a los que tienen un problema de excesos.
En mi casa hay un poco de todo.

El mal ejemplo del papá ha fomentado en una hija cierta tendencia natural a descargar tensiones en la alimentación... y no es fácil corregirlo, para nada.

Otra sería feliz de poder comer entre 10 y 15 veces al día y siempre pequeñas cantidades de patatas fritas y chocolatinas, chocolatinas y patatas fritas.

La pequeña es la alegría de su mamá: le encanta la fruta y la verdura, prueba cualquier cosa y come despacito. Su mamá que cuida una comida variada e intenta que nadie se pase en sus vicios y malas predisposiciones. A menudo hasta lo consigue!!!

Una última cosa dirigida a los papás primerizos: los niños cuando comen, se ensucian, te ensucian y ensucian es, simplemente, algo inevitable.

Lo digo con una sonrisa, por que aquí el Don Limpio, cómo cariñosamente me apodan tomándome el pelo en mi familia, sigue sufriendo por eso a pesar de la experiencia de una familia ya numerosa.

No hay nada más delicioso, para la mayoría de los enanos, que la comida se le desparrame por un porcentaje cercano al 100 por 100 en su cara, sus manos, la mesa, la silla y el resto de los inocentes comensales.

Comer con paraguas puesto nos es muy, qué diría... cómodo... así no queda más remedio que aguantarse...

En fin, en esto de ser padres no todo puede ser bonito :-)))

buen provecho

1 comentario:

  1. Se nota que eres un padre con experiencia - y que sabes muy bien de esos viajes a China.

    Confieso que hice el gran error de meterle tanta comida a la niña durante los primeros días que la pobre se quedó estreñida. Es que daba tanto gusto verla comer - y eso que soy madre con experiencia y debía de haber sabido lo que estaba haciendo (y mi marido me lo advertía).

    Como tu dices, es complicado. Mi hija mayor se dió cuenta desde pequeñísima de lo nerviosa que estaba yo para que comiera - y de allí el chantaje emocional.

    De allí aprendí a ser más tranquila - pero todavía no pude resistir en China al ver a esa niña comiendo todo lo que le puse delante, y con tanto gusto.

    Menos mal que - aunque ella negaba beber cualquier cosa - le encantaba la sandía y yo sabía que era un remedio muy bueno para su situación.

    Pienso que el tema de la comida y los niños es uno de los factores más estresantes que hay. Nunca hubiera podido imaginar lo que iba a sentir en la mesa con mis niños.

    He tenido que aprender que no puedes hacer comer a nadie y que - tu tienes razón - no van a morir de hambre por comer muy poco. Mi marido siempre me ha dicho lo mismo y después de tantos años he aprendido a dejarles abandonar la mesa sin comer si no quieren, sabiendo que en la próxima comida (si no ofrecemos nada entre horas) probablemente van a devorar lo que les pongo delante.

    Comer es un arte - y dar de comer lo es también.

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