martes, 29 de septiembre de 2020

Imbéciles

 

“Hay una deliberada imbecilización del ser humano”

pues eso

lee la entrevista a al Dr. Hilario Blasco Fontecilla.

Es del 2016, es decir de ayer. 

“Nadie entiende que el sufrimiento forma parte de la vida y se nos vende felicidad, y por ende, salud. Nos han inculcado que la felicidad se puede comprar. Y lo mismo sucede con la salud”

Buena y útil lectura.



jueves, 16 de julio de 2020

Recuerdos

Érase una vez un tiempo, un tiempo no muy lejano, en el cual esas familias que deseábamos, por una razón u otra, tener prole o aumentar en número la que ya teníamos, también podíamos acudir a un lejano y gran país de Oriente en búsqueda de cumplir ese sueño lleno de ilusiones.

Era aquello un lugar idílico y acogedor. Cuyas leyes y costumbres, que no es menester juzgar en este momento, permitían a locales y extranjeros dirigir deseos de maternidad y paternidad con cierta garantía de éxito. Siempre que se reunieran determinadas condiciones.
Echábamos una cartita, al Departamento que tocaba, nos citaban, nos dejábamos machacar unos meses por la autoridad competente y sus servicios delegados, entre pepsicólogos y trabajadores sociales, y en un porcentaje elevado conseguíamos el ansiado título de padres certificados y homologados a la normativa vigente.
Pasado el trance del examen de bachillerato de adultos responsables (de hecho hubo un momento en el que fue necesario acreditar el título de bachillerato o similar para poder seguir adelante) preparábamos nuestro dossier de documentos, un tocho de papeles que había que recoger, legalizar, traducir y echar a una dirección casi mágica: CCAA - China Center of Adoptions Affairs, etc. etc. Pekín. China. 
Y a esperar.
En esa época, además de ser padres, mi mujer y yo deseábamos compartir los conocimientos sobre la tramitación, la realidad del país al que confiábamos nuestras ilusiones, que nos habíamos empollado mucho. Queríamos trasmitir información hasta sobre lo que no habíamos, al principio, ni conocido, es decir el viaje, el encuentro, las primeras semanas, el vínculo, etc. etc. 
Aquello era AFAC.
También nos preparamos a conciencia, conociendo las entonces pocas familias que habían ya adoptado. Siguiendo foros de familias de otros países ya más curtidos en eso de la adopción. Buscando siempre el sentido común.
No tardamos en vivir esa experiencia. La Mayor llegó en nuestros brazos temblorosos un diciembre de hace más de veinte años. Llegó la asignación después de una aventura con una mensajería de cuyo nombre no quiero acordarme. Peleamos ir cuanto antes a por nuestra Hija. No fue fácil. Tuvimos aventuras hasta el día de la salida con aeropuertos cerrados de repente por el mal tiempo. No pegamos ojo las tres noches anteriores a la fecha de salida y no propiamente por la ilusión del viaje, que nos querían retrasar. Conseguimos que no. El 24 de diciembre de 1999 allí estábamos. ¿Os recordáis el famoso efecto 2000? También eso nos tragamos. Pero allí estábamos y menos de 24 horas después del primer aterrizaje nuestra hija nos miraba entre sonriente, asustada y alegre, desde la inmensidad de una cama matrimonial King size del Dinasty de Chengdu. 
Ese bebé de 9 meses que no llegaba a los seis kilos, ya tan grande en nuestros corazones que parecían explotar de felicidad.
No habían transcurrido ni 7 meses desde el envío de la solicitud a la recordada mágica dirección.
¡Qué tiempos aquellos! 
Quién nos hubiera dicho entonces, hasta poco después de ir a por nuestra tercera hija, que ese sueño se  transformaría para tantos en una pesadilla, el hijo deseado en un engendro inalcanzable, en desesperación completa para miles de familias. 
La Gran Muralla volvía a ser, desde una obra maravillosa de obligada visita, a lo que fue: una obra de ingeniería bélica pensada para frenar el enemigo.  El enemigo empezaron a ser también las familias que deseaban adoptar. 
Ni un decenio de asedio es ya suficiente para superar la dichosa barrera.

Gran Muralla

martes, 7 de julio de 2020

Un día cualquiera

Hace unos días mi cuñada se quedó a comer a casa. Como es de costumbre en esta familia, mi familia, cada uno varía continuamente el horario en el que se alimenta, pica o disfruta de platos, a veces especiales, listos en la nevera, cocinados en el acto por él mismo, para él mismo, para todos los demás, para una parte de los demás. Impredecible.
Hace ya tiempo que no consideramos el almuerzo o la cena EL momento de reunión familiar. El desayuno nunca lo ha sido. No es que no pase, que nos encontremos los cinco sentados a la misma mesa y a la misma hora, más o menos, pero, sobretodo en verano, en invierno y, por supuesto, en otoño es anecdótico. Trabajo, estudios, viajes, hasta residencias diferentes...
Ese día casi lo conseguimos, en honor a la tía.
La mesa estaba puesta para 5+1. Un plato tuvo que volver al armario. La mediana salió escopeteada pidiendo disculpas, tres segundo antes de servirle la comida. Una ineludible labor de consuelo le había sido reclamada con inmediatez por una querida amiga que acababa de pelearse con el novio.
La tía estuvo algunos minutos con una mirada algo sorprendida que se movía entre la silla y el plato vacíos y la puerta de casa.
Acabados coles y universidades de la mejor forma posible, reducidas las obligaciones de confinamiento, verano ¡veranooo! se respira ansia de libertad, las chicas salen con sus amig@s y no hay día que vuelvan a la misma hora. Les encanta arrastrarse, cruzando la noche, hasta aquellas horas que se acercan al amanecer, mientras su numeración crece. Cuando no llegan hasta el resplandor oriental, sobre las seis horas. Antes, su padre ya está despierto y al poco rato su madre aparece también para empezar el día con aroma a rico café italiano.
Sólo después de unas cuantas horas de actividad materna, las caras legañosas y las miradas espesas de las chicas hacen compás con el lento y ritmico golpe de chancletas en las escaleras, hasta la cocina, con paradita en el descansillo donde Sam les espera agitando la cola, reclamando con energía su saludo, cómo si no las viera desde hace semanas.
Cariños generosos hacia el peludo. Dificilmente se expresan en las mismas formas hacia su padre. Justo para hacer un ejemplo. Y no será por ausencia de pelo que, a parte en la cabeza, florece cual manto o matorral por todas partes del cuerpo del que escribe. A lo mejor tendría que agitar el culo, tumbarme boca arriba ¿ladrar? Hombre, ladrar alguna vez sí que ladro, pero todo lo demás no me sale espontáneo. Me temo además que si lo hiciera cómo mucho recibiría a cambio unas sonoras carcajadas, un directo "pringao!!" o una mirada de pena...¿lo más probable? Todo eso junto. Caricias y cariñitos lo último, seguro.
Así que nada, a seguir sufriendo.
Mi cuñada en medio de la comida repite una frase que suena familiar. Es un gusto comer aquí. Y me quedo más tranquila. Ver que también a vosotros os dicen de todo es consolador. Lo que me falta es vuestra paciencia.
Paciencia... la sensación y el juicio que derivan de nuestros actos son a menudo profundamente diferentes dependiendo de quién y cuándo los mira y juzga.
Tengo la impresión que mi antaño enorme deposito de paciencia se ha ido vaciando, poco a poco, en estos casi 60 años de vida y mucho más rápidamente en los 20 y pico de ejercicio paternal. Vamos, un pantano después de medio siglo de sequía. Pero algo quedará, si así de contundente lo afirma mi querida cuñada.
La cuestión es también esta: creo que no es necesario, ni oportuno, ser permanentemente pacientes.
Hay momentos en los que hasta convendría no serlo para nada o no tanto. Lo que me pasa es que de vez en cuando me confundo y soy impacientísimo cuando debería ser paciente y en otras exactamente lo contrario. Uno no acierta, aunque se lo plantee. Dijo alguien: sigues mi buenos consejos y no cometas mis abultados errores.
Da gusto invitar cuñadas queridas a comer. A parte las alabanzas hacia los platillos, acabas olvidando el escepticismo integral hacia ti mismo y compartiendo esa mirada comprensiva y generosa, que por supuesto no te mereces.
Generosidad: otro tema caliente, otras dudas: cómo la paciencia ¿se me va agotando?
De la generosidad ya hablaré en otro momento. Antes tendré que invitar otra vez a comer a mi cuñada querida.
Feliz Navidad, pués no, todavía es verano... qué lío.




martes, 9 de junio de 2020

Cada día aquí es un regalo

Cada día más aquí es un regalo.

No creo que la calidad de vida sea mejor si nos sumergimos y nos cansamos en una búsqueda permanente de lo que más vale la pena.

Tenemos casi todo lo esencial a la mano.

Es un privilegio, del que a menudo no nos damos cuenta. La insatisfacción, por otro lado, es un motor de la vida.

Tal vez, algo que deberíamos haber llamado importante casi lo tocamos, y lo tocamos, o lo perdimos, o no nos dimos cuenta que tenía fecha de caducidad.
En ese momento no nos preocupamos mucho por eso. Distraídos por el día a día, olvidando con razón el punto al que todos nos dirigimos, pasamos por la existencia con egoísmo y una pizca de superficialidad, o no solo una pizca.
Cuando estás bien y la pena de muerte no es una espada de Damocles, que se vuelve cercana e intrusiva, la luz variada, quizás suave pero segura de lo cotidiano produce una perspectiva diferente y a menudo engañosa.
Nunca dejaremos de cometer errores. Algunos imperdonables.
Significa que estamos vivos y queremos vivir. Vivir significa también cometer errores. Quien sea capaz de asumir y corregir sus errores debe de ser perdonado.
Tarde o temprano la condena llegará para todos.

PD
Lo anterior se refiere prevalentemente a la esfera privada, mas no es aplicable a esa parte del género inhumano que con cinismo y premeditación actúa para provocar el sufrimiento de los demás en beneficio propio.
Es imprescindible evitar que esta gente actúe.
Desafortunadamente, en este mundo con la m minúscula, quienes detienen el poder generalmente asumen también el papel de garantes de la injusticia.


miércoles, 3 de junio de 2020

Anochecer esperando el alba

Hay una base que compartimos todos, ese pozo, más o menos espeso, en el que lo que pensamos, decimos, hacemos depende de prejuicios, idea preconcebidas, deseo de encontrar confirmación a lo que pensamos. O deseamos.
Por encima está nuestra actitud.
Dejarnos llevar por lo cómodo.
vs
Esforzarnos para entender.

Dejarnos llevar por lo fácil, lo instintivo, lo obvio en ese túnel en el que nos hemos metido.
Hacer el esfuerzo de salir, buscar, valorar, reflexionar, entender lo que ha llevado al otro a actuar de esa forma, decir lo contrario a lo que compartimos.


Se habla mucho de felicidad.
Un sentimiento tan personal, que no existe la posibilidad de establecer una definición única que ponga a todos profundamente de acuerdo.
La Rae dice: "Estado de grata satisfacción espiritual y física".
Vale, por lo que les toca, definición estupenda. Pero la felicidad es algo más.
Nota: yo no busco la felicidad. Todo lo que suena a excesivo me significa algo endeble, pasajero, volátil e indefinido.
Me gustaría ser creyente, pero no lo soy .
Lo que busco es esa pequeña chispa, que dura poco, pero ilumina gozosa, valiosa; que se produce cuando sientes haber aprendido algo,  entendido algo, superado algo que pesa y te impide seguir avanzando.
Esa pequeña chispa que se produce cuando reconoces en un escrito bien dibujado, neto, una reflexión vaga que has ido desarrollando casi sin darte cuenta. Te reconoces y sonríes.
Esa pequeña chispa que se produce cuando el rayo de luz del amanecer se une, silencioso y dulce, con el grado perfecto de humedad y temperatura de la estación que toque.
Esa pequeña chispa que se produce cuando miras a los ojos a una persona que quieres mucho.
Esa enorme chispa que se produce cuando alguien cercano te mensajea: "vivir es maravilloso".

Cuando ninguna chispa se produce y vives. Ese momento en que dejas de olvidar y recuerdas.




lunes, 1 de junio de 2020

¿Todo cambia o todo seguirá igual?



Todo cambia, aunque poquito a poco, así que muchos tendrán la sensación de que todo sigue igual, o casi.
En la valoración de lo que nos pasa, el punto de vista es fundamental. 
Al terminar una misma experiencia, que viera involucradas a muchas personas, los comentarios, juicios, valoraciones serán siempre dispares.
Los seres humanos tenemos un fondo común, una tierra fértil que permite el crecimiento de cada semilla. Maravillosos arboles llenarían la Tierra de bosques, arboledas, sombras, frescura, oxígeno y salud. Pero las condiciones climáticas, el riego o la lluvia, la cantidad de abono recibida hacen que semillas iguales no desarrollen sus potencial de la misma forma.
Unas cuantas son aplastadas, otras han crecido demasiado rápido y se derrumban. No faltarán las que son cortadas en su mejor momento.
Es una pena.
Sigue prevaleciendo el instinto a la razón.
La razón, que podría enseñarnos varios caminos hacia un mundo mejor, un camino hacia la gloria, se tuerce para los fines lucrativos y de poder de unos pocos.
Lucro y poder mueven el mundo.
La injusticia generalizada permite a los justos avanzar muy lentamente.
Casi siempre tienen que luchar para conquistar algo de espacio. Y una vez conseguido pueden perderlo. El planeta está dominado por los injustos. Son más poderosos, mejor organizados, tienen capacidad de resistencia, tienen sus almacenes llenos. Atacan a los demás para seguir llenándolos.

El colmo es que muchas víctimas apoyan a sus verdugos.

Una patología auto inmune que nos indica los porqués de un absurdo flagrante: esos continuos retrocesos en el arduo e incansable luchar para que las cosas vayan a mejor. Subidas y bajadas que podemos ver con especial claridad observando la historia de los últimos siglos.
Al mismo tiempo, si miramos, con esa misma mirada de siglos, la evolución de la especie, no hay dudas de que la Sociedad ha ido mejorando, poco a poco.
No en todos lugares de la misma forma, por supuesto.
Hay que ser optimistas, con cierta moderación. 
Esa medida que permite a los justos no bajar la guardia.


lunes, 18 de mayo de 2020

Adaptación


El bípedo humano, como es notorio, es la especie más terriblemente invasora del planeta. Se gestó, en comparación con los tiempos de la naturaleza, de forma rapidísima. Es capaz de adaptarse a casi todo, arrasa, allí donde lo dejan, con otras especies y con la suya misma.
Lo ha intentado muchas veces, pero justamente su capacidad de resiliencia le ha permitido  sobreponerse a los reiterados intentos de autodestrucción. Ni las infinitas guerras que ha librado, ni la contaminación, ni la reducción paulatina de su fertilidad, consecuencia de sus muchas actividades nefastas, han podido con ella.
Aunque todo se acelera en la vida del bípedo humano, aunque en los últimos par de siglos haya habido más que nunca empujes a las autodestrucción, también crece su capacidades de encontrar y generar remedios.
Fuera de la inteligencia


Su fuerza y su debilidad residen en el desequilibrio entre esa parte que le viene de origen: instintiva, animal, violenta; y otra que se podría definir inteligencia.
A pesar de que la inteligencia sea un bien a menudo escaso y siempre mal repartido entre el bípedo humano, no hay dudas de que este rasgo de complicada definición es lo que le ha permitido un desarrollo extraordinario, plagado siempre de diferencias e injusticias.  

Uno de los empujes a la acción le deriva de su base instintiva, la búsqueda del liderazgo, del poder, del control sobre los demás congéneres para conseguir algún beneficio propio, que puede ser de muy distinta naturaleza.
La inteligencia, mejor tendríamos que decir las inteligencias, aportan a ese rasgo instintivo toda una serie de elementos, desconocidos para el resto de las otras especies vivas.
Sentimientos, por ejemplo. Amor incondicional, odio profundo, olvido, rencor.
Artes: música, escritura, plástica... 
Capacidad de emocionarse con la belleza y de quedar totalmente indiferente hacia el dolor ajeno.
Búsqueda más o menos constante de ciertos momentos que algunos han definido "felicidad". Depresiones profundas. Enfermedades mentales. 
Dudas y placer. 

Definición discutida la de felicidad, placer, odio, etc. que nos hace volver al núcleo de este texto.
Toda discusión nace del deseo de imponerse a los demás.

Personalizamos para que sea más claro: tu has dicho eso, yo lo diré mejor. Tu has hecho esto, yo lo haré mejor, y cómo lo hago mejor merezco estar por encima tuyo.
De aquí otro paso: si no consigo que apoyen mi teoría por las buenas, lo haré por las malas. Buscaré aliados que me ayuden, convenceremos a los demás que eres lo peor, iremos a por ti, a por vosotros.
(Muchas veces no hay paso previo, se va directamente a las malas).

Después, cuando llegue a ganarte, haré casi lo mismo que critico, lo sé, lo sabía, pero los que me apoyan, la masa tonta que constituye mi ejército no, no lo tienen tan claro, ni les interesa saberlo, ni se lo explicaremos. Por eso mandamos. Sólo quieren un motivo para canalizar su energía, que llene el vacío que sufren, a veces sin ser del todo conscientes de ello.
Armas imprescindibles: hipocresía, cinismo, mentiras, tergiversación de todo, para que sea útil para darnos la victoria. 
Cuanto mayor sea nuestro arsenal, cuanto más difícil sea la situación general, cuanto más escondamos que no podremos hacerlo mejor, ni haberlo hecho mejor, más fácil será abducirlos.
A todos nos falta algo. La mayoría de los bípedos humanos no sabe, más allá de las necesidades básicas ni qué es.
Cuanto peor lo hagamos una vez ganado, más tiempo nos mantendremos al poder. 
Es más fácil seguir una insignia que pensar. Pensar cuesta trabajo.
A menudo pensar es muy duro. 
Esa caricia de la inteligencia positiva que todos hemos recibido en algún momento, se ha evaporado o ha sido aplastada. Y si no, nos haremos cargo, de una forma u otra.

Es el juego de desequilibrios que rige la historia de la humanidad. Con minúscula.
La humanidad siempre se tambalea, a veces cae, pero vuelve a levantarse.

Otro día hablaré de la Humanidad con Mayúsculas. Es otra dimensión. 




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