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Aflojar el ritmo

  Vivimos en una sociedad donde todo se ha acelerado de una forma diría casi inhumana. Entre los muchos efectos colaterales, evidentemente negativos, está la incapacidad de previsión. La necesidad de tomar decisiones siempre inmediatas. De dar y pedir respuestas rápidas. Directa consecuencia de la falta de sosiego, reflexión, análisis. Vivimos como si no hubiese mañana, pero no en el sentido del carpe diem, si no todo lo contrario. No somos capaces ni de disfrutar del presente, ni de planificar en lo posible el futuro. Si es cierto que il futuro no existe, porque es el presente que nos enseña lo que realmente estamos viviendo, es decir en definitiva lo mejor de la vida, también es cierto que pararse a pensar lo que desearíamos en lo que vendrá, nos ayuda a acercarnos a la posible realización de cualquier sueño o deseo. Hay que buscar siempre el equilibrio. Para encontrarlo tenemos que ralentizar, aflojar el ritmo, ser capaces de observar, de escuchar y de entender las diferencias. ...

¿una nueva etapa?

 El autor de este blog, que tanto éxito tuvo en su momento, ya hace tiempo que dejó de escribir, actualizar, publicar nuevas entradas.  Los eventos de la vida provocan, a veces, cambios muy profundos en la realidad del mundo y en lo personal. Me dice que ya no puede seguir escribiendo.  Me pareció una pena que Adoplandia se perdiera en el olvido, como siempre pasa cuando una publicación se convierte en un archivo de cosas pasadas.  Le propuse de ocuparme del blog. Se lo está pensando. De momento me deja publicar este pequeño texto que servirá para verificar si todavía hay lectores que pasen por aquí. En caso de que sí, ya verá si deja que me ocupe de este espacio lleno de emociones e historias personales. un saludo Esther

Lo peor del ser humano

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  Fuente de la foto EFE Ucraina, 2022

2021 - Feliz año del Buey

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 Feliz 2021   feliz año del Buey. Un año inolvidable, quizás más del 2020, del que nos recordaremos siempre. Instalado en la memoria de los que no se han ido. Por suerte somos muchos, pero cuantos... esa suerte no han tenido. Se nos han colocado en lo cotidiano cosas impensables hace no demasiado. Y hemos pasado ya muchos, muchos meses atosigados por la consecuencias del maldito bicho. Cómo siempre, el ser humano aprenderá mucho, olvidará más, cambiará algo y al mismo tiempo luchará para que nada cambie, en esa vida tan cómoda a la que nos habíamos acostumbrado tanto, al punto de creer que nos era debida, que todo aquello nos era debido. Ahora parece que no, se amontonan las dudas y los miedos.  Algo mejorará y mucho emporará, en ese permanente camino hacia un futuro que nos encantaría ser capaces de prever, pero que no nos he dado ni de imaginar, a veces, ni de lejos. Mis hijas están bien, los padres de momento también. La salud estupenda y la economía fatal. A ver ...

Imbéciles

  “Hay una deliberada imbecilización del ser humano” pues eso lee la entrevista  a al Dr. Hilario Blasco Fontecilla. Es del 2016, es decir de ayer.  “Nadie entiende que el sufrimiento forma parte de la vida y se nos vende felicidad, y por ende, salud. Nos han inculcado que la felicidad se puede comprar. Y lo mismo sucede con la salud” Buena y útil lectura.

Recuerdos

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Érase una vez un tiempo, un tiempo no muy lejano, en el cual esas familias que deseábamos, por una razón u otra, tener prole o aumentar en número la que ya teníamos, también podíamos acudir a un lejano y gran país de Oriente en búsqueda de cumplir ese sueño lleno de ilusiones. Era aquello un lugar idílico y acogedor. Cuyas leyes y costumbres, que no es menester juzgar en este momento, permitían a locales y extranjeros dirigir deseos de maternidad y paternidad con cierta garantía de éxito. Siempre que se reunieran determinadas condiciones. Echábamos una cartita , al Departamento que tocaba, nos citaban, nos dejábamos machacar unos meses por la autoridad competente y sus servicios delegados, entre pepsicólogos y trabajadores sociales, y en un porcentaje elevado conseguíamos el ansiado título de padres certificados y homologados a la normativa vigente. Pasado el trance del examen de bachillerato de adultos responsables (de hecho hubo un momento en el que fue necesario acreditar el ...

Un día cualquiera

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Hace unos días mi cuñada se quedó a comer a casa. Como es de costumbre en esta familia, mi familia, cada uno varía continuamente el horario en el que se alimenta, pica o disfruta de platos, a veces especiales, listos en la nevera, cocinados en el acto por él mismo, para él mismo, para todos los demás, para una parte de los demás. Impredecible. Hace ya tiempo que no consideramos el almuerzo o la cena EL momento de reunión familiar. El desayuno nunca lo ha sido. No es que no pase, que nos encontremos los cinco sentados a la misma mesa y a la misma hora, más o menos, pero, sobretodo en verano, en invierno y, por supuesto, en otoño es anecdótico. Trabajo, estudios, viajes, hasta residencias diferentes... Ese día casi lo conseguimos, en honor a la tía. La mesa estaba puesta para 5+1. Un plato tuvo que volver al armario. La mediana salió escopeteada pidiendo disculpas, tres segundo antes de servirle la comida. Una ineludible labor de consuelo le había sido reclamada con inmediatez por un...