lunes, 16 de julio de 2007

Vacaciones (y trabajo) en Familia


En estos días estamos en Madrid, el papá aprovechando para trabajar en la oficina de Transmes que hemos abierto en la capital, y la niñas también aprovechando para pasar unas semanas con los abuelos y la familia materna.

Las hermanas de María son muy, muy niñeras y es una gozada ver la expresión de felicidad de mis hijas cuando se reencuentran con sus tatas: la tata Sol, la tata Pilar, la tata Silvia... y los primos también!!

Los años pasados, cuando todavía no teníamos oficina en Madrid, en julio ellas estaban aquí y el papá en Barcelona, viajando los fines de semana, para que no pasara demasiado tiempo sin vernos.

Recuerdo perfectamente lo que pasó hace 6 años, recordad que fuimos a buscar a P. en diciembre de 1999, fue la primera vez ese julio, que estuve lejos de la niña más de una semana.
Ella lo notó y yo más, no me gustó nada descubrir esa mirada de sorpresa el primer día de reencuentro. Parecía sorprenderse de mi aparición, al cabo de unos días todo volvió a la normalidad, pero si uno piensa que una semana de lejanía es nada, pues se equivoca.

Por supuesto no se trata de nada irreparable, faltaría más, pero repito, se nota.

La cercanía y el roce diario es muy, muy importante, bien lo saben las personas que por trabajo están obligadas a viajar mucho.

Sin entrar en citas de estudios psicológicos, lo cierto es que aunque de forma empírica, cualquiera podrá observar cambios de actitud evidentes en nuestros hijos pequeños, más espontáneos cuando son de menos de tres años y más reflexionados cuando son más mayorcitos, con las diferencias oportunas en la aplicación de sofisticadas técnicas de chantaje emocional.

Si modificamos aunque sea sólo "la cantidad" de presencia habitual a su lado los cambios saltan a la vista.

Si además modificamos también la calidad, es decir la interacción con ellos y no sólo la presencia, los cambios pueden llegar a ser espectaculares.

Hablo de presencia e interacción y me refiero con esto a los papás que trabajamos muchas horas también en casa, en esos momentos estamos presentes, pero pendientes del trabajo y no sólo de los peques. Sin duda es algo mejor que no aparecer ni siquiera pintados, pero no deja de ser algo parcial, cojo, insatisfactorio.

Además, a veces, estas situaciones provocan momentos de tensión e impaciencia, ya que ellos nos reclaman constantemente y estamos divididos entre la necesidad y el deseo: acabar el trabajo, lanzarse al juego, pegarles un grito cuando se pelean, o intervenir con paciencia para dirimir conflictos naturales y/o provocados para llamar una atención insuficiente...

También depende del tipo de trabajo a realizar, por supuesto, pero si no se trata de algo relacionado con los juegos de los niños, por ejemplo imaginaros el chollo de un amigo cuyo trabajo es probar juguetes :-)) la mayoría de ocupaciones, aunque puedan desarrollarse en casa, mal se casan con una interacción eficaz y satisfactoria con los niños.

También depende del estado y fase "pegamento" por lo que pasan nuestros hijos. Tengo que reconocer que mis hijas dejan mucho menos espacio a María, mientras,

a veces, a mi llegan a dejarme largos ratos "tranquilo" mientras juegan entre ellas, mientras ven la tele... por largo ratos entiendo una hora :-) pero suficiente para terminar algo, ir con ellas, jugar y, si es necesario (siempre lo es) volver al ordenador.

Intentamos limitar la tele a una hora al día, si la peli merece, puede que se le deje ver una entera, cada par de días.
Sobre la relación con la tele ya hablaré en otra entrada...

Volviendo a las vacaciones. El mes que viene iremos algunas semanas a visitar la otra familia, la paterna italiana.

Las niñas seguirán pasándolo pipa, por supuesto, y nosotros, los papás, viendo acercarse la fecha de vuelta al trabajo, sentiremos también cierta necesidad de momentos nuestros. No sé cuantas parejas pasan por lo mismo, es decir las dos familias lejanas que reclaman la presencia de los niños (muchos más que la nuestra, por supuesto :-))

Bueno, es broma. En fin, no tanto :-/

Y nosotros a lidiar entre los que son también nuestro deseos de estar con ellos: padres, hermanos, sobrinos, etc. etc. (y más en ciertas situaciones especiales y delicadas) y la necesidad de un espacio propio, realmente nuestro, de descanso, de estar solitos con nuestros hijos, por unos días enteros, sin las interrupciones del trabajo y de los muchos compromisos adquiridos. A lo mejor con amigos, con otras familias con niños.

Por que también es cierto, todos lo hemos podido comprobar, pasados los 4 o 5 años los peques se lo pasan pipa con amiguitos de su edad y se consigue un equilibrio estupendo cuando los adultos se llevan bien y todos estamos en un espacio cómodo, una casa en el campo, o en la playa, un lugar apto par que los niños se sientan libres de correr, gritar, desaparecer... y los papás puedan disfrutar de esos momentos de independencia mutua y saludable.

Demasiadas veces las vacaciones acaban siendo todo menos que un momento de descanso. Es el chiste amargo más contado en el mes de septiembre.

Las verdaderas vacaciones, desde mi punto de vista, son las que rompen el ritmo de actividad del resto de días del año en todos los frentes: sea en el trabajo fuera de casa, que en el trabajo en casa: compra, comida, cocinar, limpiar, ordenar, siesta, paseo, cocinar, cenar, limpiar ...irse a la cama más
rendidos que nunca...

Mejor poco: 4 o 5 días de verdaderas vacaciones, que un mes entero de rutina cotidiana con la única diferencia de que no se va a la oficina.

En este caso no quiero en absoluto proponer esta opción cómo la más aconsejable. En las vacaciones, cómo en los gustos, cada persona es un mundo.
Dentro de la misma pareja es posible que no haya la misma forma de ver las cosas.

También depende del papel y de la colaboración de cada partner en las obligaciones cotidianas: supongo que puede ver las cosas de otra manera quien descarga

todo el trabajo en la mujer, y un mes de apartamento significa relax absoluto para uno y esclavitud dura para la otra...

Los casos al revés son demasiados raros, todavía, para que merezca la pena comentarlos.


No quiero acabar esta entreda, demasiado larga como de costumbre, sin el mensajito de pepito grillo, también acostumbrado.

He tenido la alegría de conocer varios padres que han salido de las vacaciones, descubriendo a sus hijos, descubriendo de tener a su lado unas personitas geniales, simpáticas, inteligentes y muchas más cosas.

Nunca es demasiado tarde para ciertos descubrimientos, aunque cuanto más tiempo dejemos pasar, más habremos perdido.

La felicidad nunca sale gratis, si bien el precio pagado para ella siempre es ridículo si comparado al beneficio.

Feliz vacaciones, bueno no, tampoco esto lo cambio: Feliz navidad :-))

fuente de la foto: Flickr.com
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