martes, 22 de julio de 2008

Chengdu




Acaban de apagarse las innumerables, parpadeantes, multicolores luces que iluminan las fachadas de los rascacielos de esta inmensa ciudad.
Y las señales luminosas, las pantallas publicitarias, los neones... millones de bombillas que desapareciendo en la nada, transforman, en un segundo, una visión resplandeciente en un sugestivo manto semi-oscuro, que abraza la vida de más de 10.000.000 - diez millones de personas.
Muchas ya están durmiendo, seguro desde hace tiempo, mientras la humedad y el calor se insinúan entre las sábanas intentando, a veces con éxito, estropear su sueño.

Aquí, en Chengdu, nació nuestra primera hija, aquí vivimos hace poco menos de 9 años, nuestro encuentro de padres primerizos.
En este mismo hotel, el Yinhe Dinasty, donde ahora nos alojamos, en la planta 18.
La misma moqueta, los mismo muebles, un poco más cascados...
También nosotros somos más viejos.

Al entrar los ojos de María se hacen relucientes: qué emoción, qué alegría.
Qué río de recuerdos y sensaciones nos lleva a los dos a mirarnos y a abrazarnos, buscando la protagonista de esta historia maravillosa.
Ella está frente al mostrador con Ling Xiao que habla con los de la Recepción, hasta que las cogemos, la abrazamos y al abrazo se unen las hermanitas.
Miradas, sonrisas, allí, allí tu madre te cogió casi arrancándote de los brazos de la cuidadora, en ese sillón que parece el mismo, sólo ha cambiado la tapicería, y en esa mesa, con el mismo granito, igual idéntico, empezó papá a firmar papeles...

No podía empezar con mejor pie este viaje deseado, querido, y por fin realizado. Aquí estamos en Chengdu.

Nada parece indicar que a pocas horas de una carretera ya reconstruida murieron, hace pocos meses, casi 80.000 personas, por un terremoto devastador que todos aquí ya han querido superar, y casi olvidar.
La ciudad sigue intacta, ni una grieta, ni un cristal roto.
El chofer que nos llevaba al hotel, desde el aeropuerto, liquidó la pregunta con un: todo funciona perfectamente en Chengdu. Aquí no ha pasado nada.

Esta tarde al preguntar por la piscina del hotel, antes nos dijeron que estaba cerrada, y al ir a verla nos explicaron que la normativa obliga a tener dos socorristas al cuidado de los huéspedes, y hay uno sólo disponible, el otro se ha ido al pueblo, para ayudar a su familia, por el terremoto.

Ya es muy tarde, poca energía y tiempo quedan, después de una dura jornada de visitas, para las narraciones.
El notes se llena de apuntes, poco a poco intentaré transformarlos en frases legibles.

Ahora es tiempo de descansar, a pesar de que el sueño parece esconderse detrás de la cortina de las cientos de imágenes del día.
Mañana, es un decir, en menos de seis horas sonará el despertador.
Nos esperan los Osos Pandas, y no es visita que pueda perderse, ni retrasarse, las cinco niñas que componen el grupo, están deseando ir al parque de los osos pandas, más que de cualquier otra cosa.

Espero puedan ser cinco, C. hoy ha estado malita, por un virus de estómago que seguro traía desde casa.
Viajando con niños (y con adultos...) hay que estar preparados a los juegos de la salud.
La paciencia es nuestra primera guía, seguro que también Ling Xiao está de acuerdo.

Buenas noches queridos amigos.

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