viernes, 30 de enero de 2009

Shay day

Recibí el texto de esta entrada por correo electrónico.
Casi siempre no reenvío estos correos, por bonito que sean, por que pienso, cómo muchos, que no es buena práctica colapsar el buzón de amigos o conocidos con material que no han pedido. Los guardo en una carpeta, y si la ocasión es oportuna pido permiso para reenviarlos.

Publicarlo en Adoplandia, me apareció una de esas ocasiones, no oportuna, si no oportunísima.
¿Me estoy haciendo viejo y sensible? Viejo seguro, sensible quizás, el hecho es que frase a frase, cómo iba leyendo, me sentía más emocionado.
Aquí lo tenéis y un gracias enorme a mi mujer por no haber aplicado el criterio aconsejado al principio :-)
Y a Eva Rodríguez por haberlo traducido al castellano. En catalán podéis leerlo en Sal y queso

No busques nada divertido, no lo hay.
Leelo de todas formas.
Mi pregunta es: ¿Hubieses hecho lo mismo?

En una cena de recolección de fondos para una escuela que atiende a niños con discapacidades de aprendizaje, el padre de uno de los estudiantes pronunció un discurso que nunca será olvidado por ninguno de los que asistieron. Después de exaltar la escuela y su dedicado personal, hizo una pregunta:

"Cuando no es interferida por las influencias externas, todo lo que hace la Naturaleza, se hace con perfección". Sin embargo, mi hijo, Shay, no puede aprender cosas que los otros niños hacen. Él no puede comprender las cosas como otros niños lo hacen. ¿Dónde está el orden natural de las cosas en mi hijo?

La audiencia se quedó en silencio delante de la pregunta.

El padre continuó. "Creo que cuando un niño como Shay, que es mental y físicamente discapacitado, entra en el mundo, aparece una oportunidad de sentir la verdadera naturaleza humana, y se ve en la forma en la que otras personas tratan a este niño".

Después explicó la siguiente historia:

Shay y yo acabábamos de pasar por un parque donde algunos niños, Shay lo sabía, estaban jugando a béisbol. Shay preguntó, "¿Crees que me dejarán jugar?" Yo sabía que la mayoría de los chicos no quieren a alguien como Shay en su equipo, pero como padre también pensé que si a mi hijo se le permitiera jugar, esto le daría un muy necesario sentimiento de pertenencia, y cierta confianza de ser aceptado por los otros a pesar de sus carencias.

Me acerqué a uno de los niños del campo y le pregunté (sin esperar conseguir mucho) si Shay podría jugar. El niño miró a su alrededor para orientarse y dijo: "Estamos perdiendo por seis carreras y el juego está en la octava entrada. Creo que puede estar en nuestro equipo e intentaremos ponerle en el bate en la novena entrada".

Shay fue al banco del equipo y, con una gran sonrisa, se puso una camisa del equipo. Yo miraba con una pequeña lágrima en los ojos y con el calor en mi corazón. Los niños se dieron cuenta de mi alegría al ver a mi hijo aceptado. Al final de la octava entrada, el equipo de Shay anotó unas carreras, pero aún iba detrás por tres.

Al principio de la novena entrada, Shay se puso un guante y jugó en el campo derecho. Aunque ningún golpe fue a su lado, se le veía extasiado sólo por el mero hecho de estar en el juego y en el campo, con una sonrisa de oreja a oreja cuando yo le saludaba desde las gradas.

Al final de la novena entrada, el equipo de Shay anotó de nuevo.

Ahora, con dos fueras y las bases cargadas, la posible carrera ganadora estaba en la base, y Shay era el siguiente en el bate.

En esta conjetura, dejarías que Shay golpeara, regalando así su oportunidad de ganar el juego? Sorprendentemente, le dieron el bate a Shay. Todos sabían que era imposible que golpeara, porque Shay no sabía como sujetar el bate correctamente, ni mucho menos darle a la pelota.

Sin embargo, tal como Shay se iba acercando a la base, el lanzador, reconociendo que el otro equipo dejaba de lado el hecho de ganar por este momento en la vida de Shay, se movió hacia delante unos pocos pasos para lanzar la pelota suavemente para que Shay pudiera por lo menos tocarla.

El primer lanzamiento llegó, y Shay golpeó torpemente y falló.

El lanzador volvió a acercarse unos pasos hacia delante para volver a tirar la bola suavemente hacia Shay.

Tal como la pelota llegó, Shay la golpeó suavemente por el suelo y directo al lanzador.

El juego habría acabado.

El lanzador recogió la pelota y fácilmente podría haberla lanzado a la primera base.

Shay habría estado fuera, y esto sería el final del juego. Sin embargo, el pitcher lanzó la pelota por encima de la cabeza del primera base, fuera del alcance de todos los compañeros.

Toda la gente de la grada y los dos equipos empezaron a gritar: "¡Shay, corre a la primera! ¡Corre a la primera!" Shay nunca en su vida había corrido una distancia tan larga, pero llegó a la primera base.

Llegó apresurado a la base, con los ojos muy abiertos y con cara de asustado.

Todos gritaron, "¡Corre a la segunda, corre a la segunda!"

Cogiendo aliento, Shay con gran dificultad partió hacia la segunda, luchando emocionado por llegar a la base.

En el momento en que Shay se giraba hacia la segunda base, el jugador de la derecha tenía la pelota, era el más pequeño de todos, que ahora tenía su primera oportunidad de ser el héroe de su equipo.

Podría haber lanzado la bola a la segunda base para ganar, pero entendió las intenciones del lanzador, por lo que también, intencionadamente, lanzó la pelota alta y mucho más arriba de la cabeza del jugador de la tercera base.

Shay corrió hacia la tercera base delirante, a la vez que los corredores de delante suyo giraban las bases hacia casa.

Todos estaban gritando, "Shay, Shay, Shay, all the way Shay". Shay llegó a la tercera base, porque su contrincante corrió a ayudarle haciéndolo girar en la dirección de la tercera base, y le gritó, "¡Corre a la tercera! ¡Shay, corre a la tercera!"

Así que Shay giró la tercera, los niños de ambos equipos, y los espectadores, todos en pié gritaban: "¡Shay, ve a casa! ¡Ve a casa!"

Shay fue a casa, pisó el suelo de casa, y fue aclamado como el héroe que golpeó el Grand Slam y ganó el juego de su equipo.

"Ese día", dijo el padre suavemente con lágrimas rodando ahora por su rostro, "los chicos de ambos equipos contribuyeron a llevar un trozo de verdadero amor y humanidad a este mundo".

Shay no llegó a vivir otro verano. Murió ese invierno, sin olvidar nunca que había sido el héroe. ¡Me hizo tan feliz volver a casa y ver a su madre llena de lágrimas abrazada a su pequeño héroe del día!

Y ahora una breve nota a pie de esta historia:

Todos estamos dispuestos a enviar miles de chistes a través del e-mail sin pensárnoslo dos veces, pero cuando se trata de enviar mensajes sobre las opciones de vida, la gente duda.

El crudo, vulgar, y frecuentemente obsceno, pasa libremente por el ciberespacio, pero el debate público sobre la decencia se suprime con demasiada frecuencia de nuestras escuelas y lugares de trabajo.

Si estás pensando en mandar este mensaje, es probable que estés clasificando a las personas de la libreta de direcciones que no son las "adecuadas" para recibir este tipo de mensaje. Bien, la persona que te lo ha enviado considera que todos podemos marcar la diferencia.

Todos tenemos miles de oportunidades cada día para ayudar a realizar "el orden natural de las cosas".

Por tanto, muchas interacciones aparentemente triviales entre dos personas nos presentan una elección:

¿Aprovecharíamos una chispa de amor y humanidad, o dejaríamos pasar estas oportunidades, dejando el mundo un poco más frío en el proceso?

Un hombre sabio dijo una vez: Toda sociedad es juzgada por como trata a los menos afortunados de entre los suyos.

Ahora tienes dos opciones:

Suprímelo o abandónalo en tu correo
Hazlo correr
Tu día puede ser un "Shay day"

3 comentarios:

  1. Que tengas un gran Shay Day!

    Humano hasta el alma y necesario.

    Gracias

    ResponderEliminar
  2. Estas son las cosas, que merecen la pena ser leidas.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar

Gracias por dejar tus palabras. Los comentarios se agradecen y animan!

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