domingo, 13 de septiembre de 2009

Hijos moviditos

Muchos médicos conocidos lamentan la facilidad con la que hoy se habla de niños hiperactivo y la irresponsabilidad de utilizar tratamientos farmacológicos cuando nos es realmente necesario.

Al no ser médico no puedo hablar de este nivel de problemas.
Pero creo poder comentar el nivel a que se refiere el título en diminutivo de esta entrada.

Como en todo, encontrar el termino medio es muy complicado.
El equilibrio requiere de la aplicación de muchos elementos que escasean en una sociedad de ritmos alocados, de competición permanente, de superficialidad, de resultados ahora mismo ya!! de evidente falta de aguante frente a las frustraciones...

"Son movidos, demasiado movidos, no paran, corren, gritan, saltan, hacen trastadas, una detrás de otra..."
Las mimas palabras pueden decirse cómo la cosa más normal del mundo, o con un punto de impotencia, o con verdadera sorpresa, o con un tono de voz que transmite superación completa, fastidio, desengaño, hasta miedo.

He podido comprobar, no pocas veces, que estos distintos grados de expresividad, dependen más de como son los padres, o la madre o el padre, que por reales diferencias de actitud de los niños en cuestión.

Tengo la sensación de que nos olvidamos que son niños.
Sensación: lo indico claramente, no es esta entrada resultado de ningún estudio, lo es, como siempre, de conversaciones, reflexión y deseo de compartir impresiones y dudas.
En parte de querer empujar a algunos a reflexionar sobre la medida de las cosas.
Animando a la paciencia y al sentido común.

Cuando era pequeño estaba mucho tiempo con mis amigos en la calle. Pasábamos horas gastando energías sin que ningún adulto pudiese molestarse con lo que hacíamos por que, simplemente, los adultos no estaban constantemente encima nuestro.
La calle era un lugar mucho más tranquilo, con pocos o ningún coche.
Largos fines de semanas y meses en el verano íbamos al campo con los abuelos o en la playa, jugando horas y horas, corriendo en bicicleta, moviéndonos por kilómetros, haciendo todo tipo de juego y tampoco con los adultos siempre encima nuestro.
Pienso hoy a mis hijas y me doy cuenta que si tuviera que pasar tanto rato encerrado entre cuatro paredes, entre el larguísimo horario laboral que es la escuela y después en alguna actividad extraescolar y después a casa... mis padre probablemente me hubiesen medicado ;-)

Los niños son niños y necesitan desatar su fuerza, su energía, sus ganas de comerse el mundo.
Pero hoy, para la inmensa población infantil que vive en ciudades o pueblos medianos, esa libertad de la que gozábamos hace unos 40 años... se dice poco... es una realidad inexistente.
Los niños, hasta edades impensables, están permanentemente acompañado por guardias de seguridad.

Para los papás presentes, claro... además todo esto choca con un deseo [legítimo por otro lado] de tranquilidad, de silencios, de calma, después de días tras días en los que la tensión del trabajo, de las relaciones sociales y de todo lo demás nos dejan agotados.

Somos papás viejos, además.
Cuando mi madre tenía mi edad, 47 años, y mi padre 5 más, yo ya tenía 25.
Cuando yo tenía la edad de mi pequeña, mi padre tenía 15 años menos de los que yo ahora tengo, y esto se nota, digase lo que se quiera decir.
Qué quede claro, no soy defensor de que se pongan topes de edad para prohibir la adopción a los que no son jovenzuelos, no, en absoluto.
La ley habla de un mínimo de diferencia de edad, no de un máximo, y me parece una buena ley.
Pero no son mis hijas que tienen que hacer un esfuerzo de contención, por donde han caído y por los padres que les han tocado ;-))
soy yo que tengo que sacar de donde sea la energía y las ganas o las soluciones imaginativas para que no tengan que sufrir por mis faltas.
Por que soy yo que las he querido, y que con 42 años he ido a buscar a China por tercera vez un bebé recién nacido, aquella vez de 13 meses.

Vivimos en una ciudad, como cientos de otras ciudades, donde los niños no pueden salir a jugar a la calle o donde sea, solos, sin guardias permanentes y correr, saltar, gritar, hacer lo que les tocaría y tendrían derecho de hacer con su edad y ser felices también en este aspecto.

Yo lo fui y mucho, cuando tenía su edad. La gran metrópolis se queda pequeña, una jaula donde todo el día tienes que estar atento, atento a que no les pase nada, a que nadie les haga nada, a no molestar el vecino, a no hacer esto y aquello, a moverte con el agobio de que no les atropelle un coche, donde todo el mundo te mira con aires de reprobación si no eres un angelito...

Creo que mis hijas son felices, pero podrían serlo más si su espacio vital fuese más verde, más libre y más amplio.
¿conseguiremos un día recuperar esa alegre y segura traquilidad de la que disfrutamos tantos papás cuando éramos pequeños?

ojalá...

1 comentario:

  1. yo pienso en mi infancia y tengo la misma sensación que tú.
    quería repetir mi maternidad antes de los 40. creo que los superaré con creces. al paso que vamos... en fin, paciencia, cuando la naturaleza no nos permite la maternidad biológica estamos en manos ajenas y a esperar se ha dicho! luego que no me digan que no tengo paciencia y que debería haber sido madre más joven! ;-))

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