viernes, 14 de junio de 2013

Adolescentes

Quiero compartir una entrada del blog de Fabiana Iglesias que me ha gustado mucho. Al final os paso el link.
¿Por qué me ha gustado?

No siempre ¿nunca? es fácil sobreponerse, para los padres, a esos momentos en los que tus hijos hacen de todo para que los abronquees, o los castigues, o te duela como una cuchillada las cosas que dicen o hacen.
Nunca olvidaré la intervención en un congreso de un pespicologo francés que aplaudimos reiteradamente y como una estrella, al final de su intervención en un congreso sobre temas de Adopción. Soy fatal para los nombres, y empeoro con la edad. No recuerdo su nombre.

Una de las muchas cosas que dijo fue que en la etapa de la adolescencia los hijos hacen de todo para ser odiados por sus padres. Un buen padre, para serlo en esa etapa, tiene que tener principalmente ¿exclusivamente? una capacidad: el aguante.

Aguantar el chaparrón, diría yo, sin caer en la tentación de hacer lo que ellos quieren que hagamos. Si lo hacemos sentirán de haber cumplido con lo que su etapa de evolución les manda. Matar al padre que hace poco era dios, y en nada se ha transformado en un pobre hombre incapaz de entender hasta lo más sencillo de su personalidad, de sus aspiraciones y necesidades.
Si caemos en la trampa, en el agujero donde ellos nos empujan, si acabamos castigándoles sin añadir algo más, rechazándoles, lamentando amargamente la metamorfosis de ese bebé que fueron hace nada, no estamos haciendo otra cosa que, simplemente, darles la razón para su actitud. Sería un error. Por duro que pueda ser, y en muchos momentos lo es, hay que evitar ese error, es necesario hacer el esfuerzo.

Habrá caídas, debilidades, hasta los más pacientes pierden los estribos :-) Levantamos la voz, nos pasamos de castigos o, al contrario, por pereza, cansancio, ritmo loco de la vida, estress, dejamos correr sin hacer nada.
Ese equilibrio de amor y firmeza, que todo sabemos hay que practicar, es el juego más difícil de aprender, no hablemos de ganar.

Fabiana Iglesias en su recuerdo personal me enseña una de las muchas adolescencias posibles.

El abanico de situaciones es muy amplio. Es sano, útil, oportuno, necesario estar atentos a todas. Manteniendo las antenas alertas, uno puede descubrir o ver detalles, que le ayudan y le guían en el mejor camino.

Interesante lectura en su blog:

  Un pensamiento sobre los 14,15,16 años.

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