lunes, 15 de octubre de 2007

La rebelde

Es totalmente cierto que cada niña tiene su carácter, su forma de ser, su manera de reaccionar frente a las distintas situaciones que la vida y las circunstancias le presentan.
Nuestra influencia sobre la construcción de su personalidad, muchas veces hay que admitirlo, es más bien poca.
Esto, evidentemente, no nos exime de nuestro papel de padres, ni mucho menos.
Pero los que creen que pueden dirigir profundamente la dirección vital de sus hijos, están bastante equivocados.

No es una idea original, por supuesto.

Hay un libro muy interesante y un gran éxito de ventas que planteaba esta certeza y la confirma y argumenta a lo largo de casi 500 páginas.

Se trata del libro de Judith Rich Harris "The Nurture Assumption" que en castellano ha sido publicado con el título El mito de la educación y que yo leí por recomendación de mi querida esposa, estando en Italia donde se publicó con un título quizás más sugerente: Los padres no tienen la culpa (Non è colpa dei Genitori)

Una reseña interesante es la de Roberto Colom Marañón en Psicothema.
A la que he llegado a través del blog Pseudópodo que cita:

La teoría que Harris propone se denomina “Teoría de la Socialización Grupal”: “los niños nacen con ciertas características. Sus genes les predisponen a desarrollar cierto tipo de personalidad. Pero el entorno puede cambiarles. No la crianza -el entorno que pueden proporcionarle sus padres_, sino el entorno fuera del hogar, el que comparten con sus compañeros” (p. 192) Es decir, la socialización no es algo que los mayores les hagan a los niños, sino algo que los niños hacen por sí mismos.

Mis tres hijas son entre ellas muy diferentes.
No me refiero obviamente a sus caracteres somáticos. Por lo menos no sólo a aquellos, ya que también se sabe que la cara que nos lee el mundo también tiene su parte de influencia en lo que somos y seremos.

¿Diferencias?
Por ejemplo mi hija mayor nunca ha expresado, cómo hace de vez en cuando su hermana, el deseo de "cambiar de familia"
Ni ha hablado con todas sus 4 enormes letras de "odio" hacia sus padres
Tampoco nos ha amenazado con llamar la guardia urbana, para defenderse del maltrato a la que está sometida.
La mayor nunca nos ha explicado que sí, llegará el momento en el que nos echará de menos: cuando estaremos muertos.
Creo que nunca ha cuantificado, como hace poco su hermana, en me la pagaréis 1000 dólares, su profundo disgusto por un no, una prohibición o, simplemente, la petición de, por ejemplo, ordenar los juguetes esparcidos en todo el piso.

¿sigo?
Bueno, no hay mucho que seguir, pero lo dicho es suficiente para daros una idea del nivel de "despropósitos" al que puede llegar una enana de 5 años, bueno casi 6 ( algunas de estas lindezas salieron de su dulce boquita por primera vez seguro que hace ya más de un año).

Supongo que algunos lectores estarán horrorizados frente a estas declaraciones.
Supongo que algunos estarán pensando: mira Roberto... empieza la entrada con el libro de la Judith Rich Harris para quitarse responsabilidad :-)

Gran sonrisas ;-)
Ha sido sin querer, aunque es verdad que el cerebro trabaja por su cuenta (y es cuando mejor produce, sin la influencia nefasta y opresiva de su propietario :-)

La responsabilidad es siempre de los padres, aunque no tengamos culpa directa de los actos realizados por nuestros hijos. La responsabilidad siempre. No es vano recordarlo.

Ayer le pregunté si sabía que significaba la palabra "odio" que acaba de pronunciar dirigida, tengo que admitirlo, justamente a quién escribe, o sea a su padre.
Un momento antes le había dado un NO redondo y sin apelación a su petición, reiterada 10 veces, de poder ver un poco más de tele.
Al explicarle que los niños que ven mucha tele se vuelven turuletos, por lo que es responsabilidad de su padre poner límites a esta drogadicción infantil ( y no sólo infantil claro!!...) y frente a sus insistencias, añadiendo yo que no vería ni un minuto de tele en los próximos 3 días, con la coletilla de que caerían unos cuantos más: un día por cada vez que insistiera, me espetó con dureza un "Te odio" que me dejó tieso.
Así creí conveniente aclaras un par de puntos con la suso dicha enana.

La conversación fue en italiano, la traduzco:

Papá: ¿Tu sabes V. lo que quiere decir la palabra odio?
V. : sí que lo sé.
Papá: ¿y qué quiere decir?
V. : quiere decir cuando uno no te quiere nada de nada y espera que te vayas y no verte nunca más

Buff...

Papá: ¿y eso es lo quieres?
V. : Sí
Papá: qué dura hija mía ¿y esto por qué?
V.: por qué me regañas mucho
Papá: yo no te he regañado
V. : sí no me has dejado ver la tele
Papá: pero eso no es regañarte, al contrario, papá te quiere mucho y es justo por eso no quiero que veas tanta tela, por que ya lo sabes que los niños que ven tanta tele se vuelven turuletos... pero ahora sí te voy a regañar y castigar, por que decir que me odias es muy grave, sobre todo por que no es verdad. Papi te quiere mucho, dame un abrazo....

abrazo

... y un beso....

beso

con esa carita guapa y renfunfuñando se fue, mi hija rebelde a su habitación, seguramente en ese momento odiando a su papá que no había dado el brazo a torcer. Con lo fácil que hubiese sido decirle que sí y conquistar en un momento el olvido del odio y pasar a un amor, momentaneamente, incondicional.

Nunca amor hubiese salido más barato: con una media horita de televisión todo arreglado, un poco antes de la inevitable caída en los brazos de Orfeo.

Ser padres es duro, a menudo tienes que renunciar a lo fácil para seguir caminos cuesta arriba. Pero se sabe que las cimas nunca se alcanzan eligiendo siempre bajadas.

En fin que la peque empezó a roncar que ni habían pasado 5 minutos después de la escena descrita.

Ella va, con su cabe-cita/zota, navegando en su mundo de pensamientos y cuando se añade el cansancio y éste se cruza con el no a una pantalla llena de historias en la que perderse, todo se evapora... y cómo no odiar a quién le quita este gozo, aunque sea su mismísimo y queridísmo padre y por su bien!

Y qué duro es saber que en el fondo, todo este trabajo y todo el aguantar que nos sirve para ser padres pasables, puede que no tenga casi efectos, según afirma la Judith Rich Harris...

Buenas noches y sueños de oro

PD
leed el libro que da mucho más de la lectura superficial que acabo de dar :-)




2 comentarios:

  1. Pues yo me apunto lo del libro muchas gracias, por cierto que la mia aunque es muy buena (si me quejo no me la merezco) los tiene bien puestos, con sus casi 4 años esta con el no me da la gana que no le sirve de nada pq su padre y yo no nos bajamos del burro (cuando toca claro) y la tia lo sigue intentando no poniendo la mesa no recogiendo etc, pero ya sabe que si no pone la mesa no cena asi que (como es muy comedora) al final claudica....baja las orejas y lo hace.....pero que dificil es no claudicar a veces para nosotros!!!!!!!, Agotador!!!!
    Saludos

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  2. Estoy de acuerdo en que el grupo, el entorno social es decisivo en el desarrollo de los niños y que nuestra influencia está limitada, pero sí que es importante y no debemos menospreciarla. En mi opinión y por mi experiencia de maestro, la educación recibida en casa se refleja en todo, por ejemplo en la actitud del niño ante el esfuerzo y la superación, el autocontrol,el respeto a los profesores, sus compañeros, las normas...
    Una buena educación, o una educación, aunque no sea del todo buena es mejor que ninguna educación y que el niño sea el rey.
    Las normas dan seguridad al niño y él intentará saltárselas muchas veces pero nosotros debemos seguir esforzándonos para que no nos ganen la partida. Sabemos lo duro que es a veces mantenerse firme y no dejarse "vencer", pero hay que hacerlo y más vale equivocarse en el limite o en la norma misma que en la ausencia de ésta (los niños siempre tienen la opción de reverlarse o asumir la norma, pero cuando no existe se pierden)
    El oficio de padre es como dice el juez Emilio Calatayud un "sin vivir"... Pues nada, a dejarnos la vida ;-))

    Saludos

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