Una vez más sufro, por experiencia directa, esa verdad de que canta más un caso malo que 100 buenos y que sólo con la inteligencia y analizando las cosas con cabeza fría uno puede recuperarse de los palos que te da redescubrir, una y otra vez, cuan confuso puede llegar a ser, para algunos, el linde entre lo comprensible y lo inaceptable. En estos días tan señalados por felices: tantas asignaciones, tantas miradas cargadas de amor y de emoción, tantas dudas también, que es normal, como es normal el nerviosismo y la preocupación de los papás, pero también y sobre todo los niños y las niñas, ese proyecto maravilloso de vida, de futuro, de cariño incondicional... Y te llega el palo de quién decide que no, que es mejor que no, por... Es de una irresponsabilidad asombrosa e inaceptable que se espere a la asignación para descubrir que podía ser que no. Aunque claro, mejor decidirlo antes de ir, que después al volver, que eso también se da, por supuesto que es mejor, aunque en esa escala entre...
Recuerdo que el autor de la primer parte de este blog solía despedirse casi todo el año con un "¡feliz navidad!" que nos dejaba algo extrañados... Después en Navidad nunca saludaba así, ni felicitaba con la manida frase cuando hubiera tocado hacerlo. Así que copiando esa rareza, titulo el post de hoy Feliz Navidad. ¿donde está esa felicidad? Estoy repasando las antiguas entradas de Adoplandia y me he encontrado con esta que así se titula . Que termina con esta frase: Ojalá un día todos los niños del mundo puedan ser niños. En los últimos años todos los días hay un goteo de niños asesinados por bípedes que no pueden definirse seres humanos. Son la representación de hasta donde puede llegar la maldad. La maldad en estado puro. Vaya pureza... Un enlace: artículo de la BBC Esther
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