miércoles, 20 de febrero de 2008

Con cierto alivio

Con cierto alivio leo historias reales de adopción donde ese famoso duelo se alarga, resurge, vuelve a atacar siempre, hasta en la edad adulta, provocando otros mayores sufrimientos, desencajes en la vida personal y familiar, la incapacidad de elaborar la propia historia, fracasos.

Hablo de alivio por que al poco que se rasca en aquellas historias se observan situaciones que realmente se alejan de la vivencia de la gran mayoría de las familias adoptantes actuales. Abrazando con esta palabra los que han adoptado, digamos, en los último 10 años, o sea justamente desde cuando empieza el boom de las adopciones que tanto miedo provocan en los anunciadores profesionales de desgracias.

Son casos aquellos que destacan por su peculiaridad.

Por la reiteración de errores, por la falta de cariño, por la falta de abrazos, por la falta de hablar, de llamar las cosas por su nombre, por revelaciones tardías y mal hechas. Por ideas preconcebidas y consejos mal dados. Por mala suerte y por masoquismo:
el regocijarse en el dolor, el hundirse en la m. en lugar de alejarse y limpiarse de ella.

Hablo de alivio por que la gran mayoría de las familias adoptantes conlleva con serenidad, toques de desesperación, capacidad de recuperación y mucha entereza los problemas comunes que se plantean siempre en la vida familiar, en la relación con los hijos en el medio que esta sociedad representa, que su problemas tiene, claro, y que casi todo vivimos, sufrimos y superamos.

Hablo de alivio por que la mayoría de las personas intenta fijarse en el lado bueno de las cosas. Sabe que la vida es una montaña rusa de altibajos, de caídas y subidas, de calma aparente que en cualquier momento se transforma en otro grito por el susto de una bajada a 100 por horas, pero que tampoco olvida que después tenemos energía en las ruedas, tenemos recursos que nos ayudarán a volver a subir y que a menudo el tren acaba avanzando con tranquilidad por paisajes sencillos y frescos, largamente.

Así que, una vez más, permitidme desde aquí mandar un mensaje de esperanza, frente a tantos agoreros de la derrota.
La mayoría de nosotros tiene los medios, la capacidad, la voluntad y la fuerza para superar los aspectos complicado de la existencia.
Posee también la capacidad de darse cuenta de que necesita ayuda.
Quizás el problema real sea otro: que los que esa ayuda tendrían que darla no son igual de capaces...
sobre todo cuando en lugar de dar ánimo y estimular la mejor parte de cada uno, le hunden en la miseria de la duda y del miedo a no saber hacerlo bien, de estar siempre en el borde del abismo.
No es así.
Sus motivos tendrán...

El ser humano es el único bicho vivo que sufre imaginando el dolor que puede padecer, sufre cuando el dolor llega y sigue sufriendo cuando el dolor ha pasado, recordándolo.
Hay que librarse de esta paradoja absurda.

El valor, el buen humor, la reflexión, y no la fijación, el sentido del humor, los afectos y el sentido común, son armas ganadoras y ni hace falta tenerlas todas para vencer la partida.

1 comentario:

  1. Roberto que razón tienes, yo siempres digo, hay dos tipos de problemas, el que tiene solución y el que no, al que tiene solución vamos a solucionarlo y al que no hay que intentar aprender a vivir con el o llevarlo lo mejor posible, por que esta vida es asi, y debemos de quitarnos el peso tan grande del sufrimiento tonto, hay que sufrir por lo que de verdad merece la pena.
    Gracias por tus palabras

    Paqui-deccla

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