sábado, 1 de noviembre de 2008

El derecho a la inocencia

Un malentendido sentido de la verdad lleva a muchos padres a descargar el peso del conocimiento sobre las débiles espaldas de sus hijos.
Los niños tienen derecho a no saber todo desde ya.
Tienen derecho a crecer felices, con esa felicidad ingenua que nos concede la ignorancia.
Esa felicidad ligera que nos viene del desconocimiento de cuanto horrible puede llegar a ser el mundo creado por unos adultos nefastos.
Es un deber de los padres no adelantarse, y buscar el momento apropiado para los niños, no el momento adecuado para los papás, no el momento que interesa a los adultos.
Seamos capaces de aguantar la carga del silencio, de la falsa ignorancia.

Algunos están destrozando la infancia imponiendo ritmos que no son los propios de la infancia, convencido que el saber tiene que llegar a los niños en un tiempo que es antes de tiempo.

Dejad que los niños vivan felices. Felices también gracias a la ilusión de vivir en un mundo mejor de lo que es en realidad. Donde la gente puede llegar a quererse, a respetarse, a no abandonar, a no cometer acciones tremendas.

Esperad, seáis pacientes, dejad que el juego dure y la sonrisa no se apague bajo el viento de las palabras abonadas por un exceso de información.

Llegará otro momento, aquello en los que será necesario hablar, cuando nuestros hijos nos escucharán menos, quizás ni querrán escucharnos.

Dejad que crean a los reyes magos hasta que sea posible.

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