miércoles, 22 de julio de 2009

Así empezó el viaje

A propósito de la gripe A, en China se están tomando las cosas muy en serio, diría con cierta exageración si no fuera politicamente incorrecto...
La situación va cambiando, y la realidad es que no puede conocerse con certeza qué puede pasar de una semana a otra.
Así que quién viaja es esta època de locura gripesca tiene que estar preparado a cualquier ocurrencia, no tanto por la peligrosidad real del virus, cuanto por los excesos de la prensa y la influencia :-)) nunca mejor dicho, de aquellos en los que tienen que tomar decisiones.
Si bien nunca sabremos con exactitud, en esta pescadilla que se muerde la cola, quién empuja más a quién...

Todo el mundo teme de ser víctima de la cuarentena, que desbarajusta planes, retrasa los trámites... supone costes añadidos y una enorme cantidad de nerviosísmo.

Lo único que se podría hacer para evitar el riesgo de cuarentena es NO viajar a China, y ninguna de las familias adoptantes, supongo, quiere tomar esta decisión.

El resto de actuaciones, tipo evitar una ciudad u otra, no tienen ninguna eficacia real.

En la página del MTAS, me dicen, aparece que Shanghai se ha puesto más dura... Pero visto que en Pekín se van incrementando los casos de cuarentena, y de gripe A, nadie nos asegura que no se empiecen a tomar medidas más drásticas y duras allí más que en Shanghai.

No lo digo por asustar a nadie, lo digo por que, simplemente, la única actitud es la de estar tranquilos, esperar que no pase nada, y si pasara actuar en consecuencia, y si tocara alargar la estancia en China, pues qué más remedio...
Esperamos, claro que esperamos que no sea necesario, pero nadie nos puede dar esta seguridad a priori.

Os cuento lo que pasó con el grupo que acompañé hace un par de semanas en el viaje a China.
Viajamos justamente a Shanghai, vía París, con AF, donde llegamos el día 10, junto con otras 12 familias (12 en nuestro vuelo, otras, casi 30, llegaron, siempre a Shanghai, en otros vuelos).

Muchos de nosotros nos tomamos paracetamol, por si a caso, pero cómo ya comentamos en las reuniones que siempre tenemos en Shui para preparar el mejor viaje de nuestra vida, el hecho de que todos nosotros tomáramos las debidas precauciones no garantizaba nada.
Y así fue.
Al engancharse el avión al finger el personal del vuelo, todos muy amables (dos azafatas hablaban castellano) non pidió que quedáramos sentados, a la espera de que a los pocos minutos subieran al avión 5 personas con un mono blanco, que le cubría desde los pies a la cabeza, evidentemente con aparatosa mascarilla y armados con unas pistolas que apuntaban a la frente, donde se iluminaba un puntito rojo, tipo apuntador laser... y al instante aparecía la temperatura (supongo que esa maquinita vale una pasta, por que con los niños pequeños, y alguno mayorcito, la verdad que tanta rapidez en medir la temperatura vendría super bien :-))

Todo iba sobre ruedas, hasta que cuando faltaban 4 filas por controlar se armó un revuelo, los cinco se reunieron alrededor de una fila de asientos, donde un chico occidental, taaachaaan: 38.1 de temperatura.

:-((
Tres personas de nuestro grupo estaban detrás de su fila.
Pero casi todo el grupo estaba entre las 10 filas alrededor de aquella, número que según lo que sabíamos a la ida, se calcularía para establecer quién se encerraba en cuarentena.
Momentos de tensión rozando el pánico.
Las tres personas de nuestro grupo eran una pareja y un papá.
La mujer de éste, su hijo y la suegra estaban en la fila de a lado, pasillo entre medio.
Todo estábamos parados, a la espera de decisiones.
Subió al avión otra persona, probablemente un médico jefe.
Hablaron, volvieron a medirle la temperatura con otro instrumento: 38.2

Al cabo de 10 minutos que nos parecieron eternos, con algunos de los niños acompañante completamente asustados (tanto que dos familias me contaron al día siguiente que por la noche no consiguieron dormir, con pesadilla y terrores nocturnos por los hombres con mono blanco y pistola laser...) al cabo decía de unos infinitos minutos la decisión tomada fue que todos fuera, menos la fila delante y la de detrás a la del chico.

Desalojo del avión en segundos... por si a caso cambiaran de idea...
Pedí permiso para acercarme a nuestras familias, a la mujer "atrapada" les caían unos lagrimones... intenté tranquilizarles y les dije que no se agobiaran, que no teníamos que vendarnos la cabeza antes de tenerla rota, que encendieran los móviles y que nos fueran informando de lo que les iban diciendo.

Bajamos, control de pasaportes y con lupa del papelito donde se tenía que indicar el vuelo, el asiento, el teléfono y dirección de contacto en China (indicar el primer hotel de la estancia) y otras cosas tipo:
¿ha tenido fiebre en los últimos días?
¿Ha estado en contacto con cerdos en el último mes?
¿Ha tenido convulsiones, vómitos, diarreas etc. etc. recientemente?

Entregamos papeles, y vamos a buscar las maletas.
Y cuando ya estábamos listos para salir (ya habíamos visto la guía con el cartel SHUI VIAJES bien levantado) me llega la llamada:
"Estamos saliendooooooo!!!"
Pues sí, todos libres, menos el chico con fiebre que lo enviaron al hospital por análisis.

Después nos enteramos que justo dos días antes las autoridades habían eliminado la cuarentena obligatoria para los viajeros cercanos al posible enfermo!!

Abrazos con los recién liberados y de inmediato sumergirse en los inmensos atascos de Shanghai, hacia el hotel y un merecido descanso antes de empezar a disfrutar de los atractivos de esta ciudad, en estos meses levantada en cada esquina por las obras de preparación a la Expo Universal Shanghai 2010.


domingo, 19 de julio de 2009

Explicar lo inexplicable


... cuando, de repente, entrando en la sala vislumbras, detrás de una cortina, en otra salita, a los pequeños dormidos, algunos asustados, la mayoría tranquilos en los brazos de sus cuidadores... y una mamá casi grita: "están aquí, están aquí!!" y todo el mundo estira el cuello para poder ver algo...

Esta vez estábamos en Guangzhou, capital de Guangdong.
11 familias emocionadísimas, y nosotros dos, Tomás y yo, sólo un poquito más tranquilos, sólo un poquito.
La cita para la entrega era a las 14.30. Llegamos muy puntuales.
La mañana la habíamos pasado todos juntos, esperando que desde la oficina central del banco trajeran los casi 500.000 yuanes necesarios para los trámites.
En el lobby del hotel Holiday Inn, mientras llegaban los paquetes con los carritos, todo el mundo deambulaba intentando bajar la tensión: ahora que no faltaban más de unas horas para el encuentro tan esperado, se cortaba, esa tensión, cómo si fuera sólida y al mismo tiempo parecía un vapor espeso que se expandía por el entorno contagiando a todos, a pesar de que algunos intentaran disimular o aparentar que todo estaba controlado.
Algunos ceniceros se llenaron rápido, mientras el atento personal del hotel intervenía sólo para pedir que bajaran la voz algunos de los hermanitos que jugaban a perseguirse por el hall del hotel.
Cogimos el autobús y llegamos al registro civil.
Antes de entrar nos tomaron la temperatura a todos, los controles por el temor a la gripe A, se repetían, y se repetirán a lo largo del viaje una y otra vez. Todos en perfecto estado de salud (y alguna pastillita de Paracetamol por si a caso).
Las niñas y los niños están en la salita.

El registro de Cantón se ha trasladado en el 2007, por lo que también para mi el lugar es una novedad. Subimos a la planta 8.
Antes de que toque a nuestras familias se entregan 3 niñas a familias americanas, las tres con necesidades especiales.
Llaman unos nombres, la pareja se levanta del sofá donde esperaba sentada, y se acerca, parándose a unos metros de la cortinilla...

Unos segundos que parecen eternos, y la cortinilla de colores chillones se abre y aparece una cuidadora con una pequeña de ojos rasgados y muy abiertos, que mira alrededor.
Los papás entregan la carta de Invitación, y el papá coge en brazo a la pequeña.
La niña se agarra a su camiseta, acerca su cabecita a la grande del papá, es increíble cómo en un segundo parece sentirse a gusto y segura en el delicado abrazo de su recién estrenado nuevo padre, todos nos miramos sorprendidos.
La niña tiene los pies totalmente torcidos, pero con sus piernitas delgadas también se agarra al pecho grande del padre, fotos, lágrimas, sonrisas.

Nadie escapa a la emoción.

Nadie puede evitar sentir cómo un hormigueo, descargas de una extraña energía que no para de subir y bajar por la columna, oleadas de presión en el pecho, brotan las lágrimas en las caras sonrientes, carne de gallina, hasta un momento de vértigo...

La siguiente niña tiene algunos añitos, no sé si 4 o 5, no es evidente que tipo de patología tiene, pero pronto todo el mundo descubrirá que no le falta aire para gritar con desesperación, cuando la cuidadora la deja en
las manos de sus papás. Intentan cogerla en brazos y ella se retuerce, y no quiere, no quiere y llora, grita, desesperada, desgarrada.
Sus papás se esfuerzan por mantener una sonrisa que es más bien una mueca de angustia y tristeza porque la situación no es nada fácil.

Se apartan en un rincón un poco más protegido de las miradas de los demás, mientras siguen entrando nuevas familias de otros países a la espera de que le toque su turno.
Los gritos desesperados de aquella niña seguían cuando media hora más tarde nuestro grupo subió a la planta 9 para cerrar los trámites del primer día.

Unos segundos después salió una niña, de unos 3 o 4 años, andaba solita, sin ayuda, a pesar de que le faltara una piernita, hasta un poco más abajo de la rodilla.
Sonreía, con una sonrisa maravillosa, de oreja a oreja, bella como la niña más bella del universo entero.
Se nos encogió el corazón y fue para todos una bofetada, esa sonrisa y la mirada que no podía evitar caer en el calcetín blanco que cubría la piernita mala, nos sacudió enteros, cómo un terremoto que hace vibrar hasta los cimientos más sólidos, y todas nuestras seguridades e inseguridades, la sonrisa inmensa de aquella niña nos decía sin pronunciar una sílaba lo que es este mundo y lo cerca que están los opuestos en este planeta.

No pudimos ver la cara de sus papás en ese momento, porque para ella se había reservado una habitación y la puerta se cerró oportunamente nada más entrar la pequeña.

Después fue el momento de nuestras familias.
El torbellino de emociones
dio otra vuelta rápida y sentí que estábamos en otro lugar aunque fuera el mismo sitio.
Empezaron a disparar las cámaras y una a una salieron las pequeñas y los pequeños, cada mirada de la no poca gente que allí estaba, merecería una párrafo especial.
Explicar lo inexplicable es complicado.

Seguramente por mi escaso nivel de castellano me faltan palabras, pero quizás dominando el entero registro de adjetivos, tampoco se pueda dar cuenta exacta de lo que se siente en esos momentos.
Por que además, si pudiera elegir una sola familia podría intentar la descripción, pero allí estaban mamás, papás, hijos, parientes y hasta amigos, y cada cara, cada mirada, cada gesto, palabra o suspiro era por si solo todo un poema.

Sobre aquellos ojos un velo de humedad, y el reflejo de un arcoiris de sentimientos, ilusiones, miedos y alegría, colores que se separan dejándose ver por un momento y un instante después desaparecen haciéndose pura luz.

La experiencia de encontrarte con tus hijos es una explosión de todo, a veces esa energía se transforma en una aparente calma total, como en el ojo de un huracán, o al contrario, todo se sacude entre sollozos y palabritas repetidas 100 veces: no, no, cariño, cariño, papá, mamá, no, no, y objetos que se empujan en las manos de los niños esperando que su atención se distraiga del llanto y de la angustia...
Muchas niñas se durmieron al instante.
Otros empezaron a jugar cómo si no hubiese pasado nada.
Otr@s aceptaron con agrado la galleta o la tortita de arroz...
Otros negaban con la cabeza, intentando escapar de la situación...
Otros lloraban en silencio...
Otras se reían...
Muchos pasaban de un estado a otro, y vuelta a empezar...

Y los padres, hermanos, abuelos, amigos y todos los presentes de pie o sentados en los sillones, levántandose y volviendo a sentarse, una dos diez veces, comentando, abrazando a sus peques metidos en una especie de bola de cristal...
Intercambiando miradas.
Una mirada que era enterita un tocho de 500 páginas de palabras.

Termino aquí, de momento, la crónica de este viaje que para las familias todavía no ha terminado, ya que volverán a casa el próximo fin de semana.
He llegado antes de ayer, pero un trozo grande de mi cabeza sigue estando allí.
Me encuentro a menudo con la mirada perdida y el pensamiento vagando en los recuerdos recientes.
Nadie puede saber lo que son, sin haber vivido directamente aquellos momentos.
Tampoco la experiencia cubre el inmenso abanico de sensaciones.
Las he vivido en la entrega de mis tres hijas, y además acompañando algunas veces las familias en el viaje, cada vez hay algo más, algo nuevo, nunca dejas de sorprenderte.






viernes, 17 de julio de 2009

vuelta a casa (desde China)

Dos líneas desde París, en espera del vuelo hacia casita.

En esta semana, desde China, no era posible acceder al blog, ni para leerlo, ni para actualizarlo.
Una pena, por que me hubiese gustado contaros en caliente las emociones del encuentro con los niños en Guangzhou, la visita a las familias de Jilin, que el día antes habían encontrado a sus peques...
La censura esta vez ha sido con los blogs, nunca sabes exactamente lo que te vas a encontrar. En otros viajes era la web de Shui viajes que no era accesible, esta vez la web sí y los blogs no.
El correo de Google funcionaba, pero super lento...
En fin, mañana espero empezar a contaros algo de la renovada experiencia con tantas familias.
Ha sido muy, muy especial.
Antes había alguna familias americana que se encontraba con sus hijos (pasaje verde) y nadie ha podido quedar indiferente en esos momentos que brillaban de una forma extraordinaria. No es fácil encontrar las palabras, con prisas... ya llaman el vuelo, pero con calma intentaré describiros lo vivido.
No hay nada, nada tan fuerte, emocionante, bello... que esos momentos que a todos todos los presentes nos han dejado una descarga de vida inagotable.

hasta muy prontito!!

jueves, 9 de julio de 2009

Volando a China

La maleta ya estás a punto.

Faltan solo unas horas para que suene el despertador, y todavía no me he ido a la cama.
El programa es dar casi dos veces la vuelta a China en una semana, menuda paliza...
Gripe permitiendo...

Esta tarde las peques han querido que fuéramos a cenar fuera, juntitos, por que el papi se va a China.
Me han encargado unas toneladas de pegatinas de todo tipo... espero conseguirlo.
Unas visitas a unas cuantas papelerías serán obligadas.

Me han dado un millón de besos, y abrazos, y... casi me quedo :-)))

Espero poder contar cositas en este espacio. Normalmente lo he conseguido, aunque fueran breves notas de viaje.

El programa preve Shanghai, Guangdong, Jilin, Pekín, en principio descartamos HK por que es imposible encontrar un hueco.
Tenemos reuniones de trabajo, cenas de trabajo, todos los viajes en avión de trabajo... qué horror!!
Si a mi no me gusta nada trabajar ¿donde me he metido?

Violeta se queja, estos días en Madrid, dice: vaya rollo esto de trabajar, te veo menos ahora que estoy de vacaciones de cuando iba a la escuela...
Tiene razón.
La temporada alta se nota.

Bueno, creo será mejor irme a la cama.
Intentaré trabajar al blog todos los días, si alguien tiene algún recado :-)))
que lo comente!
6 horas de diferencia, si aquí es casi la una de la madrugada, en China son casi las siete de la mañana

abrazos
Roberto


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