martes, 8 de febrero de 2011

Las compras



Una de las metas obligadas en algún momento de la estancia en China de muchos viajeros, y sin duda también de las familias adoptantes, especialmente en Pekín, son los Mercados de la Imitación. Se han concentrado en edificios de 7 u 8 plantas abarrotados de puestos donde los vendedores, o más bien las vendedoras, te avasallan proponiéndote las mejores marcas mundiales de la moda y complementos , relojes, joyas, perlas, material informático y objetos de los más variados, y además con la posibilidad de no salir del centro comercial ni para comer, ya que en las últimas plantas hay una zona de comidas, donde adquiriendo una tarjeta prepago, puedes fácilmente elegir entre innumerables platos expuestos en su reproducción protegida y sin entender ni una palabra de chino, saber más o menos lo que te vas a engullir.
El precio de salida de cada producto ofrecido en dichos Mercados de la Imitación, de la Seda, de la Perla, etc. puede llegar a ser 10 veces más elevado de lo que al final consigues con un buen regateo. Algunos detestan esta práctica, otros disfrutan tanto que acaban comprando muchísimo más de lo previsto en sus primeras intenciones, convencidos que por cada ganga conseguida se están ahorrando patrimonios. Las manos se llenan de bolsas de plástico transparente y finísimo a punto de explotar por un variado contenido de corbatas Armani, camisetas Dolce e Gabbana, abrigos no sé qué, y pantalones no sé cuánto: todos religiosamente falsos y la mayoría de muy dudosa calidad y, sobre todo, incierta capacidad de duración. Volver el día siguiente para comprar una Samsonite a precio de regalo, al darse cuenta que todo eso no va a caber en las maletas traídas a la ida, es también práctica muy, pero que muy habitual, entre los obsesos compradores de la piratería mercantil made of the world.
Y no es raro volver un tercer día, ya que con estos precios, mucho reflexionan: “puedo hacer un montón de regalos a todo el mundo: ¡qué maravilla!”
Ahora, justo enfrente a estos mercadillos (los de la imitación, donde de vez en cuando aparece la policía requisándolo todo, una pantomima al servicio de la buena imagen), hay tiendas autorizadas de las marcas más selectas y caras, con sus escaparates perfectos y sus precios estratosféricos.
Darse un paseo por estos otros centros comerciales, la otra cara de la moneda china, donde un cliente, generalmente asiático, paga sin pestañear el doble o hasta el triple del precio ya inaccesible que podríamos encontrar en nuestras lujosas calles comerciales por el mismo producto, es otro emblema del poderío, de los contrastes y creo también una inspiración a la humildad que tendríamos que aplicarnos a la hora de juzgar los aspectos que mejor definen este inmenso y poderoso País que es China.
Es fácil fijarse en aquello que por comparación nos hace creer superiores, que no mejores. Mucho más complejo es ser capaces de observarnos en ciertas situaciones y hacer paralelismos que nos llevan en sentido contrario a esa equivocadísima actitud de superioridad.
Aunque miremos la cosa sólo desde el prisma limitado de las compras, que es el tema de hoy.
A este lado de la calle adquiriendo productos de baja calidad y fomentando una práctica ilegal, comprando por 10 un bolso cuyo original sería 100, pero cuya imitación realmente vale 3 y que conseguimos por 10 peleando a muerte con una vendedora que si no consigue lo que quiere simplemente no nos lo vende. Al otro lado de la calle el cliente recibido con alfombra roja, que adquiere, por el doble del precio que tendría en Europa un producto que se lleva a casa sin pizca de sufrimiento… mientras nosotros nos quedamos mirando, al final del día, una cama abarrotada de todo tipo de objetos, con la duda expresa o pensada de ¿Por qué c. he comprado todo esto? 
Y, por cierto, la aduana esperando, o si no la Compañía aérea para cobrarnos el exceso de equipaje…
Casi todos hemos pasado por eso.

4 comentarios:

  1. Hola Roberto espero que hoy duermas mucho.
    Tomo buena nota de lo que dices, pues, si no necesitas eso que compras y sólo lo haces para impresionar a los amig@s o familia de aquí. el/la única que se engaña eres tu.
    Yo compraré sí, pero aquellas cosas que me parezcan curiosas o diferentes de las de aquí, para eso estaremos en un país con una cultura tan diferente a la nuestra.
    Un abrazo
    Mª Elena

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  2. Nosotros algo tragimos, de Shanghai, en Pekín no nos dió tiempo. Lo que sí compramos y fue la mojer compra que hicimos fue un edredón de seda.... me arrepiento de no havber traido una maleta, una de esas Samsonite falsas, llena sólo de edredones.
    Cuando vuelva no hay duda de lo que será mi exceso de equipaje.
    Un abrazo

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  3. Pues yo no fui. Ya me estresa comprar en Barcelona como para perder el tiempo en comprar un montón de cosas que seguramente no voy a utilizar y no me hacen falta. Pero mi señor esposo si que fue pero no compró gran cosa, unas cuantas camisetas Custo falsas para regalar y una maleta de esas que pueden ir en cabina, pero nada de imitación, es china y de momento aguanta. Nuestro compañeros de viaje si que arrasaron, algunos incluso prefirieron ir de compras a ir a la ciudad prohibida. Un montón de relojes se trajeron, a ninguno de ellos les duro más de un mes.
    Isa

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  4. Pues yo sí fuí ! no compré mucho, pero lo pasé pipa regateando (cosa que pensaba que sería incapaz de hacer).

    Nos reímos mucho con las chicas chinas jóvenes que me insistían en que un bolso de plástico era de piel. Al final les dije: "vale, reconoce que es plástico y te lo compro". Muchas más risas y al final me dijo con desparpajo y mirándome a los ojos: "ESTO ES PIEL. ES PIEL CHINA".
    ?cómo no iba a comprárselo?
    Nunca me han no-mentido tan bien. Dejé de regatear de inmediato y lo compré.
    El bolso de Salvatore Ferragamo se rompió en la segunda puesta, pero hoy mismo volvería a comprarlo a cambio de tanto ingenio.
    Otras mamás lo compraron mucho más barato que yo, pero el suyo no era de piel china!

    Después, paseando cerca del hotel pasamos por delante de la auténtica tienda Rolex. Solamente habían chinos comprando. Entonces me di cuenta una vez más de lo que tú dices a menudo: Las cosas están cambiando a gran velocidad. Allí los chinos ricos compran Rolex y los occidentales de clase media compramos Rolix...

    Mi hija DESPERTÓ de su excesiva pasividad precisamente en el mercado de la seda. Iba en la mochila y con tanto alboroto y colorido se puso como loca a agitar las piernas y las manos. Estaba felicísima en el mogollón.
    Siempre lo recordaré como un momento mágico.

    Saludos,
    Eva DE

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