martes, 14 de octubre de 2008

Cambiar las normas

En un mundo en permanente y rápido cambio, quizás demasiado rápido, el deber de los "expertos" es empujar a una actualización de la normativa y su aplicación, por lo menos para adaptarlas a la realidad.


Siempre se dice que la Sociedad está unos pasos por delante de sus leyes, y que es la realidad social a empujar las reformas.

Por eso hablo de "por lo menos", es decir que las leyes tendrían que por lo menos adaptarse a la realidad, ya que esperar a que adelanten los cambios es pura utopía.

Por otro lado, también hay siempre fuertes resistencias a favorecer los cambios. 
A algunos les está muy bien que nada cambie. Otros están confundidos, a lo mejor en buena fe, pero confundidos y equivocados.

En el argumento que nos ocupa, me gustaría que no fuese considerada tan inamovible esa idea de que el mundo está hecho de espacios cerrados, de estados que cierran sus fronteras con muros de ladrillos y de otro tipo, menos tangibles quizás, pero igualmente difíciles de superar.

La norma por la que siempre es mejor buscar antes una solución dentro del estado donde el niño desamparado ha nacido, me gustaría se replanteara como parte de la reflexión sobre un mundo más abierto, más bonito, menos cerrado.

Si es un concepto ya generalmente aceptado que los niños no son propiedad de nadie, ¿por que las ideas que consideramos positivas no deseamos se apliquen en cualquier lugar del mundo?

Algunos dirán que un europeo que adopta en un país africano, recuerda más el prepotente rico que aplasta la debilidad del pobre, robándole lo poco que tiene, más que la libre circulación de personas en un mundo basado en el amor.

Esta idea, tiene evidentemente su parte de verdad, pero eso: una parte. No toda.
A los que consideran la adopción una nueva forma de colonialismo, sólo puedo contestarle que están tan equivocados.
Equivocados sea desde un punto estadísticos (la cantidad) que cualitativo (la realidad llena de luces de tantas familias adoptantes).

No por que una opción tenga problemas hay que descartarla.
No por que existe riesgo de tráfico de niños, hay que levantar barreras que, quitadas del medio, harían de este mundo, un mundo más bonito.

El racismo se alimenta de muchas energías negativas, y se alimenta también de la inercia de quién no quiere enfrentarse al problema, de quién renuncia a asumir un hecho:  ciertos problemas son a menudo un paso previo inevitable para alcanzar una situación más positiva.

He leído muchas veces que es injusto exponer a nuestros hijos al dolor que puede suponer un acto racista, un comentario, o algo peor. Deseamos que eso no pase nunca, pero sabemos que pasa.
Pero por este riesgo nunca me he planteado la duda cómo respuesta a la pregunta:
 ¿habré hecho bien a adoptar a mis hijas en China y traerla a España?

Estoy totalmente convencido de que nuestra opción de familia es no sólo legítima, si no cargada de luz y colores, positiva y mil cosas más. Para los papás y para las nuestras hijas.

No siento de haber hecho algo mal, alejándolas de su entorno, sinceramente no.
 
Ese entorno de lo que se habla con irresponsable superficialidad describiéndolo parcialmente según lo que convenga al momento.

Hay que luchar contra la pobreza, con todas nuestras fuerzas. Pero hay niños que esperan.

Intento trasmitir a mis hijas una visión del mundo basada en el respeto y en la curiosidad, en las ganas de entender lo que aparentemente está lejos de nosotros o es diferente. Intento transmitirles el deseo de un mundo mejor, donde no por ser de allí o de aquí, o de un color o de otro, se ganen privilegios os se pierdan derechos.
 
No es fácil.
No es fácil sea por debilidades y límites personales, sea por lo que nos encontramos a la puerta de casa.
Pero esto ¿qué significa? 
¿De la dificultad que enseñanza traemos? 
Tenemos que rendirnos a un supuesto destino ineluctable: por que a mi hija pueden llamarla china de mierda me replanteo la oportunidad de haberla sacada de su entorno?¿

Pienso, al contrario, que lo que hay que hacer, es luchar para que las cosas cambien, desde mi pequeño espacio hacia más lejos.

Por ejemplo, que las normas que regulan la adopción internacional dejen de defender la prioridad dada al entorno en cualquier caso y siempre, y se centren en buscar la mejor solución  caso por caso y con rapidez. Aunque esta venga de una familia que viva a 10.000 kilómetros.
Hoy 10.000 kilómetros son menos, a veces, que un rellano de escalera.
Pero el rellano de escalera no cambiará hasta que entienda, se acostumbre y se le repita mil veces, incluido (o principalmente) con la presencia en otro rellano de una persona con plenos derechos aunque haya llegado de 10.000 o de 1000 kilómetros.

Que no se permita nunca, que un niño permanezca años y años en un centro, por culpa de unas leyes , cómo las que obligan a que antes se busque una familia local, u otras razones, ninguna de peso, cuando nos damos cuenta que por eso un niño ha perdido su infancia esperando. 

No estoy mezclando cosas. Necesito reducir la amplitud del texto, por las características propias del medio en lo que escribo. Pero no se interprete la síntesis con confusión de temas.
Todo está conectado. Todo está unido con hilos y si se tira de uno, los otros no se quedan inmóviles.

Sobre el tema de la importancia de la familia biológica y de la sangre me ocuparé en otro post.

Estas reflexiones, frecuentes por otro lado en Adoplandia,  las he repetido empujado en parte por una entrevista a Susana Ramos que aparece hoy en La Vanguardia.
Algunos sostienen que los tiempos cortos son negativos en el proceso de adopción internacional.
Hay muchas cosas que es mejor hacer con calma, dejando que el tiempo actúe. Pero la infancia es un bien demasiado importante para dejarlo escapar por una lentitud mal interpretada. 
Hay que hacer todo lo posible para que los tramites de adopción sean rápidos.
Cito una frase de la entrevista, que podéis leer entera en La Vanguardia. Olvidaros del título, una enésima y penosa concesión del titularista a la necesidad de llamar la atención del lector distraído. 
Afirma Susana Ramos:

"...durante todo ese tiempo [tres años pasaron desde la preasignación a la posibilidad de ir a buscar a su hijo] el niño está en un orfanato y nosotros no podemos verle. Cuanto antes salga de ese entorno y se sitúe en un entorno familiar que lo quiera y que tenga los medios para ayudarle a volver a nacer, mejor. Mi hijo fue el motivo de que yo me involucrara en todo este tema y escribiera dos libros. No te puedes ni imaginar cómo vino. Siempre he pensado que si las adopciones hubieran sido más rápidas, quizá mi hijo no estaría así. "





3 comentarios:

  1. Es muy triste pensar que se podían evitar meses e incluso años de orfanato de algunos niños :(

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  2. Seguramente siempre habrán infinitos motivos para no opinar y no interesarse por un caso más sobre cualquier injusticia en el mundo... Pero cada uno es responsable en cierto modo del sufrimiento paralelo a su indiferencia por mucha inercia y manipulación mediática que haya.

    Posicionarse e interesarse ante cualquier injusticia por pequeña que sea significa VIVIR libre e independiente de la muerte colectiva a la que se pretende someter al individuo.

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  3. Hoy me he enterado que en la Comunidad de Castilla y León, en los cursos de formación dirigidos a futuros padres adoptantes, los "expertos" psicólogos se dedican a asustarlos con un montón de posibles experiencias negativas y lo peor, hacen afirmaciones tan desafortunadas como que la adopción ocasiona un terrible desarraigo en el menor, al que se "se le quita mucho más de lo que se le da". Qué vergüenza! Qué desconocimiento! Qué ignorancia!. Las pobres parejas llegan a preguntarse si habrá algo bueno en adoptar.
    Sin duda estas cosas son las que hay que cambiar.
    Un saludo

    Nieves

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