jueves, 27 de octubre de 2011

Visita al orfanato


Estando en China, por la noche, al volver al hotel, siempre dedico un rato a escribir.
A veces doy forma de carta a mis desvaríos...

Necesito contarte de esta tarde, compartir lo que ha sido: casi sin ser nada, uno de los momento más emocionantes y duros del viaje. De todos los viajes donde, por un motivo o por otro, me acerco a un orfanato y desde allí se quedan en mis carnes y en mi recuerdos heridas.
He visitado muchos y siempre he salido llorando. No los recuerdo todos, por que mi memoria me ayuda a recuperarme olvidando.
Uno no lo olvidaré nunca, el de Tianjin, donde estuve más de una hora, acariciando pequeños con todo tipo de enfermedades y malformaciones... sonrisas a los peques y el corazón roto, fue terrible, salí de allí deshecho en lágrimas y me quedé como un trapo sucio un par de días. Me vuelven las imágenes de aquellos niños y niñas sin papás, sin todo el cariño que se merecen, que está en su derecho, así tendría que ser... y que no recibirán a lo peor nunca, por muy cariñosas sean las cuidadoras, y los son, como puedes ver en la fotos que te mandé.
Desde entonces procuro evitar.
En el fondo ya sé todo.

Esas paredes son una montaña de dolor, de historias tristes, desgarradoras, de madres que pierden lo que más vale, de niños solos, abandonados, en una caja o en una cama de hospital, en muchos lugares... no puedo quitarme de la vista la imagen de esos niños que aunque sólo por unas horas, a lo mejor, pero qué más da, ya no tienen quién les ha traído al mundo y no ha podido cuidarles.
Sea cual sea el motivo, siempre, siempre será terrible.

Intento ser positivo, pienso que también son un refugio de esperanza, una posibilidad, un techo donde poder vivir momentos de alguna forma felices, y que hay niños que ni eso tienen. Pero lo peor no consuela el menos peor. Cuando estoy cerca de esas paredes es como si todo el sufrimiento recogido allí dentro se me cayera encima a cortarme el aliento, a llenarme de lágrimas y de rabia por las injusticia de este mundo de mierda...

De un lugar así han salido mis hijas, y tendría que ser feliz por eso. Lo estoy, soy feliz... de que haya podido ser papá de mis niñas, más feliz imposible. Pero son estos momentos donde la felicidad se esconde, por un momento o por eternos minutos y todo el dolor que es fuente de mi felicidad me rompe en mil pedazos el corazón.
No puedo parar las lágrimas.

Respiro...

Hoy hemos estado en el orfanato de Datong. En las charlas con las familias adoptantes siempre desaconsejo estas visitas. Muchas veces los peques, al volver al sitio donde han estado mucho tiempo, hacen una regresión. Ya empezaban a tranquilizarse y a hacerse con sus recién estrenados papás, y de repente vuelven al orfanato y aunque sean muy pequeñitos, algunos sienten la duda de si sus nuevos cuidadores son los definitivos o no. Si volverán allí, si lo ganado puede perderse otra vez...

Hasta la puerta del orfanato no tenía claro qué hacer.
Pero cuando S., una de las mamás, dijo: yo no entro, no quiero que al peque le de un soponcio por que además está dormido, me quedo en el autobus...
lo tuve clarísimo, me quedo a hacerte compañía. Y no entramos, le hice señal a Ling Xiao, que me llamaba para ir, de entrar sin mi, no podía, no.
Ya he tenido suficiente, sé todo lo que hay que saber. Quizás más, después de tantos años metido en el tema. No me sirve entrar en el orfanato.
Ver un montón de niños que te echan los brazos, o que lloran, o que callan y te miran, con miradas que son como cuchilladas...
Me quedo.
Los demás entran, pero a los dos minutos otra mamá, vuelve con su peque, pasea en la entrada, pero no quiere ir más allá.

Esperamos a que los demás vuelvan, y de repente sube al autobus una señora, y sé al instante quién es.
La cuidadora del hijo de S. que ha preferido no entrar. La pobre mujer no ha podido resistirse, deseaba ver al pequeño que ha cuidado por muchos meses, que le habrá regalado las sonrisas de las que ahora se delician sus papás, que le ha enseñado las canciones que el pequeño canturrea sin parar.
La señora sube al autobús y la mirada se cruza con la de S. Las dos miran al peque en silencio y después intentan hablar, lo hacen despacio y en voz baja, para no despertar al pequeño. Dicen palabras en idiomas que no entienden, pero que son más claras que si hablaran la misma lengua. De hecho la hablan...
Se me remueve dentro todo, pero tengo que hacer una foto, por que esa imagen sé que valdrá mucho.
... antes de correr fuera del bus con los ojos llenos de lágrimas y sollozando como no me pasaba desde hace... en el fondo no es tanto tiempo.
Me pasa cuando recuerdo mi madre y mi padre y cuando me siento, tan grandullón cómo soy, sólo y y perdido sin ellos.
Después, como siempre, te recuperas, volverá la alegría, sí, es cierto.

Perdonadme por escribirte esto. Necesitaba desahogarme.


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martes, 25 de octubre de 2011

Volver de China

Acabo de aterrizar a Barcelona desde mi querida y admirada China.

El País donde, cuando viajo, todos los males se me curan... Estoy tan a gusto allí que el deseo de llevar la familia entera a pasar una temporada larga se hace cada vez más intenso.

Son viajes de trabajo, pero siempre los alicientes para confundirse son muchos.
Por un lado reuniones, encuentros, visitas...

Conciliar mentalidades y puntos de vistas a veces muy lejanos no es nada fácil. Se necesitan imponentes dosis de calma, serenidad, reflexión, y junto a la experiencia acumulada, una férrea voluntad de llegar al punto deseado, sabiendo que para llegar de verdad el camino será largo, complicado, lleno de baches y de altibajos. Idas y venidas.



Pero junto con el trabajo, y en eso también, hay emociones, imágenes, lugares y personas, hasta lágrimas de tristeza y de alegría. La verdad que hay de todo, y no de todo un poco: de todo y mucho, muchísimo a veces.

También acompañaba a las familias que viajan con Shui a buscar a sus peques.


Podéis imaginar cuantas descargas de adrenalina en aquellos días.


No es la primera vez, pero cada vez es cómo si lo fuera.
Uno, afortunadamente, nunca se acostumbra a lo maravilloso.

Disfruta, siente, recuerda, se deja ir a lo que ven sus ojos, escuchan sus oídos, y todo se revive, se enriquece con aquello que ha vivido en sus propia piel.

En los abrazos de mis peques..



Nunca lo que se vive después es igual a lo que se ha vivido antes.
Repeticiones de novedades.
Claro se repiten algunas cosas:  los trámites, por ejemplo,  registro civil, pasaporte, las fotos para el libro de familia, las declaraciones delante del notario, la espera de los papeles...

No podría incluir en lo que "se repite" el momento de la entrega de los peques.
No hay una igual.

Ese momento, el primer encuentro es siempre diferente, especial, horrible, maravilloso, tenso, relajado, dulce y agrio, cada sensación por separado o todas juntas y mezcladas.

Cada madre, cada padre y cada niño reaccionan de un modo sólo suyo y especialísimo, además la diferencia absoluta viene también por que es la unión de la dosis de unicidad que aporta cada uno de ellos.
Muy difícil encontrar algo de verdad igual.

Eso sí, haber vivido bastantes veces esos momentos, ayuda a distinguir lo momentáneo de lo duradero y a no confundir lo aparente, fruto de la incontrolable explosión de nervios de aquellos instantes, con lo que será después la familia que apenas ha empezado a florecer.



Cuantas veces  lo que se da la primera semana no tiene nada que ver con lo que sigue justo unos días después, cuando se vuela desde la Provincia a la capital. No son pocos los casos en los que a unos días de absoluto descontrol sigue una semana en la que la flor ya se muestra en todo su esplendor.

Y también, desgraciadamente, lo contrario.
Por el afán de controlarse se llega al límite y toda la presión acumulada sale de las formas más extrañas e imprevisible.
Por suerte, lo dicho, estos últimos son los casos más raros.



También queda tiempo para hacer turismo.
Estas son algunas imágenes de mi reciente viaje a Shanxi.
Arriba el Monasterio colgante.

Abajo una de las cuevas del complejo budista de Yungang . Impresionante ¿verdad?


Para poder llegar allí fueron necesarias más de 6 horas de carretera.
Pero valió la pena.
No tengo ninguna duda.
Creo que tampoco las familias que acompañaba.



Desde las cuevas  budistas al vértigo del Monasterio colgante.
En al foto nuestra querida Ling Xiao que sonriente se eleva hacia la cima del citado monasterio.

Cierras las maletas y ya siente el hormigueo del próximo viaje. Es como una droga, cuya dependencia no hay que combatir, por que es necesario viajar y tocar con mano, vivir la experiencia en primera persona es indispensable si se quieren hacer las cosas bien.
China... En China y en cualquier lugar, pero quizá en China más.

Cada vez que viajo a China me doy cuenta de que lo que faltaba era una viaje más antes, no ciertamente lo contrario.
La pena es que viajar tiene sus costes y el momento requiere mirar con lupa cada euro gastado.
Pero todo lo que se ahorra en viajar se paga antes o después en otro conceptos, consecuencia de esa falta de control constante necesario.

Repito, esto vale cuando las cosas se quieren hacer no sólo bien, si no mejor que los demás.



seguirá...

lunes, 10 de octubre de 2011

De Guatemala a Guatepeor

Para reflexionar:

Vídeo (en inglés)

El fracaso de la política de cierre de las adopciones internacionales.


"Si cerramos las adopciones internacionales, estamos arruinando  la vida de  5.000 niños al año,. Su vida podría haber sido maravillosa. Los estamos condenando encerrándoles en estas instituciones... Así que, para mí, este es el mal fundamental."
 Elizabeth Bartholet -  
Profesora de Derecho  Harvard

Fuente de la noticia: ADOPTANDO

Conciencia, recuerdos, paciencia, abrazos



Un vídeo precioso, sin duda.

¿Tenemos la misma paciencia y cariño de este padre?



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