viernes, 3 de octubre de 2008

Racismo...

Hoy en  Viva Bolivia, el blog de una familia italiana que ha adoptado en este país, encuentro una referencia a una artículo del periódico italiano Corriere della Sera



Relata un episodio muy duro, al que podríamos quitarle hierro, cómo un caso muy especial, y lo es, si no fuera que se suma a las conversaciones que tuvimos con unos amigos que han adoptado en un país del este europeo  y que después de muchos años viviendo en Barcelona, tuvieron que volver a Italia por motivos laborales.

Hemos vuelto a hablar con ellos hace unas semanas. No estaban muy contentos.
En su país, que es el mío, se encontraron con una pared de ignorancia, rechazo, malsana curiosidad que les ha provocado más de un disgusto.
Quizás también por inesperado.

Después de vivir muchos años serenos en España, chocarse con el retraso en la aceptación de una realidad que es aquí tan común, ha sido muy desagradable y difícil de aceptar.

Ha sido natural pensar en los que, en España, claman al cielo considerando como arriesgado, y hasta peligroso, el incremento espectacular de adopciones que se ha registrado en la Península en estos últimos años.

La narración de esta pareja, describiendo una realidad donde la presencia de niños adoptados es escasa o inexistente, es lo que me convence todavía más, por contraste, de la positivo de nuestra situación.

Aquí cruzarte con una familia con niños adoptados es la cosa más normal del mundo.
Los encuentros de familias adoptantes son, y más han sido, siempre multitudinarios.
En todas las escuelas es probable encontrarte con dos, tres o hasta más niños adoptados.
Las dimensiones del "fenómeno" adopción internacional ha empujado las administraciones a crear espacio de reflexión y servicios para las familias.

podría seguir...

Mucho hay que hacer, es natural. 

Pero para el bien de nuestros hijos, y de toda la sociedad, justamente la cantidad acaba siendo motivo de facilidad de integración, de vida serena, de eliminación de barreras.

Repito, queda mucho por hacer. 
Y más quedará si se deja libre camino a los que consideran la adopción un mal y no una maravillosa oportunidad de felicidad y amor.
Si no somos capaces de parar los pies a los que vociferan diciendo que si algo puede tener aspectos problemáticos, mejor cortar por lo sano y borrar ese algo.

¿Qué actividad humana, por profundamente positiva que sea, y así todas las actividades del hombre, está libre de lados negativos? ¿de riesgos? ¿de degeneraciones?

Simplemente ninguna.

A los que ven el incremento de las adopciones internacionales cómo algo negativo, tendría que llegarle fuerte y claro el mensaje:

ESTAIS EQUIVOCADOS

La normalización de un fenómeno, y más cuando estamos hablando de niños, de familias, de convivencia, tiene siempre muchos más motivos y razones para desarrollarse en la serenidad, que para teñirse de los colores oscuros del sufrimiento.

La cuestión y el planteamiento tendrían que moverse siempre en esta dirección:
nunca borrar algo que es bueno, por que en el se desarrollen facetas negativas.

Atacamos las facetas negativas, trabajemos para resolver estos aspectos y para que lo bueno prevalezca en porcentajes abrumadores.
Y lo bueno, que siga creciendo.






3 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo. Creo que nuestro gran trabajo es de relaciones públicas, de dar a conocer nuestra realidad y ayudar a la gente a comprender la normalidad de nuestras familias.

    Es un trabajo de comunicación - de bloges, de charlar con los curiosos, de escribir a los periódicos, de aprovechar cualquier oportunidad para compartir con los demás.

    Pero una cosa - pienso que la experiencia que tienes en una gran ciudad puede ser algo distinta a la de las familias que están criando hijos adoptados aquí en España en pueblos pequeños o zonas rurales donde hay menos experiencia con la adopción. Hay zonas donde hay que trabajar el tema más que en otros.

    De todas formas comprendo tu mensaje y estoy de acuerdo - no se debe erradicar algo por el simple hecho de que pueda haber problemas.

    Brenda

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  2. Hola Brenda:
    Gracias por tu comentario.
    No hay lugar a dudas, la gran ciudad no es igual a un centro pequeño.
    Sobre todo en algunas zonas de España.
    También he visto y conozco pueblos pequeños donde hay más de un niño adoptado, y esto ayuda mucho a la familia en su normalización, y a las niñas y niños adoptados a no sentirse "bichos raros".
    Ojalá, la verdad, hubiese 10 veces, o 100 veces más adopción, para que se pudiera llegar a esa utopía de absoluta normalidad por la que tantas familias luchamos.
    Seguimos luchando¿?
    o ya esa es cosa del pasado¿?

    Hoy tengo la sensación que se quiere subrayar la diferencia. No digo que no hay diferencias, faltaría más.
    Pero si la voluntad es de considerar a los niños adoptados principalmente cómo niños, una parte del camino ya está hecho.
    Si el mensaje que ofrezco a mis hijas es un permanente: sois diferentes, difícilmente lograré el objetivo de hacerlas sentir iguales a todos los demás.
    Es una cuestión de matices, pero muy importante.
    Esta labor de normalización será mil veces más fácil si hay muchos niños adoptados en el entorno.
    Es una cuestión de actitud frente a la adopción que es muy importante.
    Aunque parezca que salga un poco fuera del tema, todo está dentro de la misma idea.
    Para mi, la adopción internacional es un valor MUY positivo.
    Y tendríamos que fomentarla, no combatirla.
    Muchos más niños podrían ser felices, y hacernos felices, a los papás que los queremos...

    un abrazo
    Roberto Pili

    PD
    quizás algunos confundan mi mensaje, la normalidad no se consigue escondiendo la realidad. Mis hijas hablan de ser adoptadas con absoluta normalidad.
    El otro día mirando las fotos y los papeles de unos niños que tenemos apadrinados, viendo las imágenes del orfanato donde viven, acabaron preguntándome
    ¿y por que no los adoptamos?
    No sé, pero me pareció un mensaje muy bonito y positivo...

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  3. Nuestras hijas son normales en familias normales, pero son diferentes en familias también diferentes a la mayoría de nuestro entorno.Parece una obviedad esto que he dicho,pero darnos cuenta de estas diferencias y de "como nos miran" los demás, nos puede ayudar para ser siempre conscientes de que familia somos y estar alerta permanentemente, relajados y sin obsesión pero vigilantes.
    El mundo está lleno de "buena gente", pero también hay mucha "mala gente" y (lo peor) algunos tienen responsabilidades y otros su propia ignorancia los hace muy atrevidos.
    Los que se oponen a la adopción interétnica, aparte de lo que tiene de ignorancia, lo que reflejan es miedo a lo distinto y sus propios complejos.
    Como dice Brenda, siempre debemos estar en permanete estado de comunicación y aprovechar todas las oportunidades que surgen para enseñar que esta "familia distinta" es perfectamente normal, sana y tan feliz como el resto.
    Saludos

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