lunes, 28 de enero de 2008

volver a la ilusión de un niño

una de las cosas más triste que nos pasa cuando nos hacemos adultos es la pérdida de la magia.

Dejamos de creernos muchas cosas... y no voy a hacer aquí un listado ni largo ni corto, por que sé que hay niños que me leen con sus papás y no quiero para nada adelantar descubrimientos que irán haciendo poco a poco a poco, creciendo, a menudo muy a su pesar.

Además lo de dejar de ser niños es una obligación, no hay escapatoria, uno a lo mejor se resiste, pero las responsabilidades nos empujan una y otra vez a actuar cómo "adultos".

Para la mayoría, actuar cómo un niño frente a según qué situación es la peor crítica, casi un insulto, y así se lo toman muchos: hacen algo y pronto llega el palo:

"eres cómo un niño pequeño" te espetan...

ahhh, diosmio, lo que me ha dicho!!! acabamos pensando ofendidos...

Qué pena.

Así que no hay muchas ocasiones de sentirnos a gusto con esta parte de nuestra alma, para los que en el fondo (y no tan en el fondo) disfrutamos en ser conscientes que con la infancia hemos perdido muchísimos, aunque sepamos que gracias a esta conciencia también seguimos ganando algo.
Esta frase me ha salido un poco larga. Voy a repetirla de otra forma.

Sé que haciéndome grande he perdido mucho. Quizás si un mago me ofreciera la posibilidad de volver a ser un crío me lo pensaría...
Pero sé que creciendo algo he perdido: me gustaría poder volver a disfrutar ingenuamente de tantas cosas, creerme las historias cargadas de magia que poblaban mi pensamientos cuando era pequeño.
Me gustaría no sólo sonreír cuando mis hijas me preguntan o cuentan cosas que hacen gracia por ser de niñas, que son fruto de esa especial, feliz y confiada imaginación, si no que me gustaría poder disfrutar completamente con ellas de los miedos y de la esperanza que la magia nos ofrece.

Esta mañana Nuria Mestres, en ese pequeño caramelo que es La Puntual (confieso mi ignorancia... es la primera vez que iba, todo un descubrimiento :-)
me ha hecho volver por una hora a ese estado de gracia, en lo que puedes creerte todo y ser feliz por eso.

El espectáculo se titulaba "Violeta i la lloca Paola" y Violeta era un encanto de títere, que nos miraba con sus ojos negros y su cara simpática y sorprendida... y te olvidabas del brazo que la movía, mientras bailaba, se hacía la dormida o volaba por el escenario...

precioso!

1 comentario:

  1. Cuanta razón tienes, Roberto. Cuando me paso la tarde del domingo sentada en la alfombra jugando con Mar el tiempo se pasa entre risas, besitos y achuchones, y piensas, buf, tenía que haber puesto una lavadora, pero qué más dá, he disfrutado teniendo a mi hija sentadita conmigo jugando.

    Y sobre la magia, mi hija está convencida que tiene una oreja mágica de la que le salen chupachups! Anda quen nos reímos cuando un día viene y nos dice: orella, pachup, treu pachup...jejeje, santa inocencia!
    Ojalá todo fuera tan fácil de mayores.
    Marta

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