Érase una vez un tiempo, un tiempo no muy lejano, en el cual esas familias que deseábamos, por una razón u otra, tener prole o aumentar en número la que ya teníamos, también podíamos acudir a un lejano y gran país de Oriente en búsqueda de cumplir ese sueño lleno de ilusiones. Era aquello un lugar idílico y acogedor. Cuyas leyes y costumbres, que no es menester juzgar en este momento, permitían a locales y extranjeros dirigir deseos de maternidad y paternidad con cierta garantía de éxito. Siempre que se reunieran determinadas condiciones. Echábamos una cartita , al Departamento que tocaba, nos citaban, nos dejábamos machacar unos meses por la autoridad competente y sus servicios delegados, entre pepsicólogos y trabajadores sociales, y en un porcentaje elevado conseguíamos el ansiado título de padres certificados y homologados a la normativa vigente. Pasado el trance del examen de bachillerato de adultos responsables (de hecho hubo un momento en el que fue necesario acreditar el ...
Socorro!
ResponderEliminar;-)
Sonia y Daniel
que feliz jajajaja..parece que escucho el golpear de los platillos...jijiji un besito me encanta!
ResponderEliminarPreciosa!!!!
ResponderEliminarMucho presupuesto familiar en aspirinas ;-))
Un abrazo, Fina
Ni hao, Ernesto a su edad o un poco más mayor tuvo una batería tambien..., su padre le dijo que tendría que elegir quien se quedaba en casa o la batería o él... (se quedaron los dos).
ResponderEliminarLa foto es preciosa, rebosa alegría..., felicidades. Felisa