Érase una vez un tiempo, un tiempo no muy lejano, en el cual esas familias que deseábamos, por una razón u otra, tener prole o aumentar en número la que ya teníamos, también podíamos acudir a un lejano y gran país de Oriente en búsqueda de cumplir ese sueño lleno de ilusiones. Era aquello un lugar idílico y acogedor. Cuyas leyes y costumbres, que no es menester juzgar en este momento, permitían a locales y extranjeros dirigir deseos de maternidad y paternidad con cierta garantía de éxito. Siempre que se reunieran determinadas condiciones. Echábamos una cartita , al Departamento que tocaba, nos citaban, nos dejábamos machacar unos meses por la autoridad competente y sus servicios delegados, entre pepsicólogos y trabajadores sociales, y en un porcentaje elevado conseguíamos el ansiado título de padres certificados y homologados a la normativa vigente. Pasado el trance del examen de bachillerato de adultos responsables (de hecho hubo un momento en el que fue necesario acreditar el ...
Es increible!
ResponderEliminarHace unos días puse un post en Farolillos sobre los distintos paisajes que pueden verse allí, y no podía parar de poner fotos.
Como me gustaría volver, pero estar allí un par de meses y poder recorrerla de norte a sur y de este a oeste.
saludos
Elén
Si que lo es ... yo me lo perdí... pero en tres añitos si Dios quiere... volveremos los cuatro a China con vosotros.... ;)
ResponderEliminar...estamos deseando comprobarlo, en vivo y en directo, porque en el corazón ya la sentimos así.
ResponderEliminarFelisa