Érase una vez un tiempo, un tiempo no muy lejano, en el cual esas familias que deseábamos, por una razón u otra, tener prole o aumentar en número la que ya teníamos, también podíamos acudir a un lejano y gran país de Oriente en búsqueda de cumplir ese sueño lleno de ilusiones. Era aquello un lugar idílico y acogedor. Cuyas leyes y costumbres, que no es menester juzgar en este momento, permitían a locales y extranjeros dirigir deseos de maternidad y paternidad con cierta garantía de éxito. Siempre que se reunieran determinadas condiciones. Echábamos una cartita , al Departamento que tocaba, nos citaban, nos dejábamos machacar unos meses por la autoridad competente y sus servicios delegados, entre pepsicólogos y trabajadores sociales, y en un porcentaje elevado conseguíamos el ansiado título de padres certificados y homologados a la normativa vigente. Pasado el trance del examen de bachillerato de adultos responsables (de hecho hubo un momento en el que fue necesario acreditar el ...
Por supuesto que sí....Más claro...el agua!!!!
ResponderEliminarPor supuesto...siempre, la realidad va más allá de lo que inventamos los humanos...al fin y al cabo, la realidad nos sorprende y es incontrolable...la ficción la hacemos y moldeamos con nuestra imaginación y no somos tan inteligentes como la vida misma que es capaz de sorprendernos al menor descuido...es natural que la primera sea más que la segunda...¿no creeis?...
ResponderEliminar