Érase una vez un tiempo, un tiempo no muy lejano, en el cual esas familias que deseábamos, por una razón u otra, tener prole o aumentar en número la que ya teníamos, también podíamos acudir a un lejano y gran país de Oriente en búsqueda de cumplir ese sueño lleno de ilusiones. Era aquello un lugar idílico y acogedor. Cuyas leyes y costumbres, que no es menester juzgar en este momento, permitían a locales y extranjeros dirigir deseos de maternidad y paternidad con cierta garantía de éxito. Siempre que se reunieran determinadas condiciones. Echábamos una cartita , al Departamento que tocaba, nos citaban, nos dejábamos machacar unos meses por la autoridad competente y sus servicios delegados, entre pepsicólogos y trabajadores sociales, y en un porcentaje elevado conseguíamos el ansiado título de padres certificados y homologados a la normativa vigente. Pasado el trance del examen de bachillerato de adultos responsables (de hecho hubo un momento en el que fue necesario acreditar el ...
Soy una más de ese duro proceso de la adopción,como tantos otros que ahelamos abrazar a nuestras hijas,tal vez la realidad que a veces nos explicas,es dura pero como dijo mi profesor chino de taichi,debemos ser como el junco que a pesar del aire se dobla pero no se rompe.Gracias por hacernos más amena la espera y animo a todos.
ResponderEliminarGracias a ti Roberto por compartir.
ResponderEliminarTus entradas siempre son muy interesantes. Las reflexiones que haces y los enlaces que indicas siempre nos ayudan a todos los que nos movemos en este territorio común que es Adoplandia".
Saludos.